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Vea, por fin te abandono,/con el presagio de que te estás muriendo./Ayer, un viento desagradable,/que no tenía nada que ver con la brisa,/barría tus calles, y helaba mis carnes,/que no tenían con quien compartir calor./Calles barridas por el viento frío, que me hace pensar como una preocupación más/la llegada del frío invierno, /demasiado,/demasiado espero para seguir aquí./Vea por fin te dejo,/como si todo estuviera escrito/en el destino, para que estuvieras sola”. (Libro de visitas. Más que brisa. Anónimo).


Esta vez había hecho el camino con sangre de su sangre, hacía muchos, muchos años que de allí había partido. Volvía otra vez al pueblo de sus raíces, presentía que ésta sería la última. La edad no perdona y el trayecto es largo, se decía. 

Durante el camino hablaba pausadamente y los suyos escuchaban en silencio. Beato o veato de nacimiento, orgulloso de su pueblo. Las imágenes y los recuerdos se agolpan en su mente. Tradición oral, usos y costumbres, canciones y refranes, fiestas, anécdotas y curiosidades de una juventud lejana. 

Habló de la Trinidad, la fiesta de primavera, con invitación por parte del ayuntamiento; del día del Corpus con zurracapote; de las “Machorras” la fiesta de los mozos, carne cocinada con el grano recogido; de días de carnaval; …

Habló de corrales para el ganado, de los de San Miguel, de Sansol (posiblemente antes fuera una ermita con advocación a la Virgen del Sol), del de Cullayo, del de Balbiano, ...

Acta general de recuento de ganados. Año 1935. Número de cabezas de ganado mular: 19, de ganado asnal: 20, de ganado lanar estante: 409 y de ganado cabrío: 200.

Corrales de San Miguel.

Habló de nombres y apodos; de la taberna y las viñas en la falda del castillo de Mamerto “el tío caracol”; del “piso”, los tres duros para una merienda de los mozos que se pagaban cuando había bodas; de la gallina que había que dar al cura por "bautizar y extender la partida”, … 

Habló, se sintió escuchado y revivió.


Cruzó el río por donde antes hubo un puente de madera, remangándose los pantalones y quitándose calcetines y zapatillas.

Puentes que unían, de madera o de piedra, para cruzar el Linares y los arroyos que a él desaguan. Puentes de los que en algunos casos sólo quedan los apoyos y otros se van degradando y se hundirán por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. 

Puente Lavadero.

Puente Ermita-cementerio.

Puente corrales San Miguel.

Puente camino Peñazcuena,

En el año de 1874. Acuerdos del Ayuntamiento constitucional de Vea. En la sesión del 4 de enero de 1874 “Se acordó hacer un puente en el río que pasa por este pueblo y traviesa que llaman Mingarra, por ser de gran utilidad tanto para las personas como para toda clase de ganado”. El secretario, Juan las Heras. El alcalde, Manuel Hernández.

Apoyo puente Mingarra

Pasó luego sobre el canal inclinado que conducía el agua a la balsa del molino harinero.

Era el molino municipal titulado “El Puente”. En el catastro del Marqués de la Ensenada, realizado en diciembre de 1751, nos decía: “Que en el término de este lugar hay dos molinos harineros, que el bajero es propio del concejo y vecinos de él, y lo tiene arrendado Juan León Rojo, su vecino, …. y el otro que llaman el de la Media Legua es propio de Diego León, vecino de ese dicho lugar, quien se lo administra por sí, …".

Molino harinero que es sacado a pública subasta en 1860. Venta de bienes nacionales. Bienes de Corporaciones locales. Propios. Urbana, Menor cuantía. Partido de Ágreda. Ayuntamiento de Bea. "Molino de un solo molar, sito en el pueblo de Bea y paraje que llaman las huertas de Arriba, procede de sus propios y lo lleva en renta Anselmo del Poyo por la anual según el inventario de 237 reales. Tiene una superficie 41 metros cuadrados. El cárcavo, acequia, piedras, rodezno, canal y demás enseres de dicho artefacto se encuentran en buen estado de conservación. Tasado por los peritos en 6.577 reales. Siendo rematado el 24 de septiembre por 10.500 reales a Calixto Cuesta vecino de Palacio".

Molino que con dinero del pueblo, siempre esfuerzo del pueblo, retornó a la titularidad municipal. Fue casa y medio de vida de familias, y al final de sus días compatibilizó la función de moler de día y dar fluido eléctrico al pueblo por la noche.

Recuerdos de un pasado no tan lejano. Harina para hacer pan y salvado para los animales. Alimento también para cerdos de engorde, esperando su San Martín. Tiempos de estraperlo, de actividad por la noche en la penumbra. Temor a la Guardia Civil "con los guardias civiles no tengo trato porque tienen bigotes como los gatos" y a las multas de la fiscalía por ocultación, compra-venta, circulación y/o molturación de cereales.

Había acabado la molienda. No era necesario cambiar las muelas, solamente debía repasarlas para poder seguir moliendo. Tiempos y trabajo al molinero le esperan. Va retirando la tolva de madera y el tambor octogonal que recoge la harina. A la cabria, esa media luna de hierro que servía para mover las muelas, engancha la piedra volandera. La retira y voltea para mostrar su cara moliente. Con manos sabias que da la experiencia comienza a repicar, la solera y después la volandera. Maceta de pica, piquetilla y el pico. 

Vida que vive y vida que muere. "Mujer ahogada. Comunica la Guardia civil de San Pedro Manrique que ha sido encontrada ahogada en el cubo del Molino titulado <El Puente> término municipal de Vea, la vecina Julia Martínez Pastor de 38 años, casada. Se supone se trata de un suicidio". (Noticiero de Soria 11 de octubre de 1926).

Se recostó sobre la puerta entreabierta, que custodiaba las ruinas, sacó un pañuelo de tela y secó las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas. 



Lentamente, apartando la maleza, siguió la senda que conduce a la fuente “del Molino”. Recordaba otras fuentes: la de “El Puerco”, también en el pueblo, con sus dos pilones bajos o la fuente “Merina” en el campo, a mitad de la ladera de Lado Frío.

Se detuvo frente a la puerta de la casa de la familia “Palacios León”. Se acordaba del libro de visitas que allí existió. 

Contenía mensajes de recuerdo, esperanza o desesperación de los descendientes y visitantes del lugar.



Escrito en el libro figuraba un deseo: "Primera reunión masiva de la Asociación de “Hijos de Vea y Peñazcurna”, alrededor de 150 personas. Esperemos que la próxima vez nos podamos acercar por la pista forestal y poder acondicionar algo más algunas casas. José Luis Palacios”.

La Asociación se había constituida en 2005 y se registró en 2006, siendo sus fines: 

- Restauración de Vea y Peñazcurna, en la actualidad pueblo deshabitado situado en el término de San Pedro Manrique (Soria).

- Lograr que Vea y Peñazcurna sean habitables. 

La historia del pueblo de Vea corre pareja a su agregado Peñazcurna, así como la del Molino de la Media Legua. 

La pista, otra vez la ansiada pista. Una injusticia consumada en el tiempo que llega hasta la actualidad. "Así mismo nos indican que, en muchos casos los propios alcaldes de los Ayuntamientos de estos poblados no quieren ofrecer o mejorar expectativas en unos núcleos en los que sería costoso llevar y mantener los servicios urbanos en igualdad de condiciones que en las localidades grandes".

En una hoja en blanco, durante una de las primeras visitas, él también había escrito un mensaje. Eran unas palabras de recuerdo ante el olvido, reproches ante el saqueo, lamentos ante la desidia, un grito ante tanto abandono por parte de las administraciones.


En silencio ascendió, ayudándose de su bastón, llegó hasta la era de pan trillar donde se detuvo. Recostándose sobre la pared de piedra seca, con su hueco para guardar la bebida en días soleados de trilla o en los ventosos, cuando se separaba el grano de la paja. Fijó la mirada en su iglesia, en Nuestra Señora de los Remedios. La espadaña huérfana resistía sobre el campanario arruinado, la techumbre caída desde hacía tiempo. 

Hubo una campana y un campanillo, la campana grande y la campana chica, que desaparecieron sin saber cómo. Tal vez camino de una fundición, de dueño avaro, o a una nueva parroquia. Yugo en el suelo y bronce fundido para obtener cobre y estaño o tal vez re-colocada, pues como dice un descendiente: la campana de la ermita del Hospital de Calahorra, tiene el mismo sonido de la de Vea.

Sacó el pañuelo de tela y se enjugó las lágrimas.

Las catorce dovelas del arco de medio punto, de la puerta para acceder a la iglesia, habían sido labradas y numeradas por el cantero. Unas piedras con números romanos para un lado, otras con caracteres arábigos para el otro, así no existiría duda en su colocación. Sobre el yeso aún  distinguió mensajes, unos antiguos que el tiempo va borrando y otros nuevos. 



El retablo mayor se va desmontando, en el pueblo ya nadie habita. Unas fotos previsoras se hacen, para luego poder volver a montarlo correctamente. Sobre tres mulos va cargado, en artolas o serones. Ascienden lentamente hasta Buimanco, para continuar su viaje en furgoneta, por la pista de Taniñe a Villarijo, hasta la villa de San Pedro Manrique. Movimiento en la cartilla de su parroquia por la venta. La furgoneta a tierras catalanas se lo lleva.  

Ya no se canta a la Virgen de Vea, que se encontraba en el retablo, mientras el campo florece.

Dulcísima Virgen/del cielo del cielo delicia/la flor que te ofrezco/ recibe propicia.

Benéfico hiere/lumini lumínico rayo/el sol que engalana/las flores de mayo.

Es el mes de María/es el mes de su amor/¡O familia querida! Cantemos con fervor”.

La pila bautismal, bajo las escaleras del coro estuvo. Una concha de bautizar también hubo, agua bendita en el sacramento para el inicio de la vida cristiana.  

Foto María José Moreno.
 

La nieve cubre los campos. La muerte no espera. La campana de la parroquia suena anunciándola. La tierra sagrada espera el cuerpo. Los caminos están infranqueables y el tránsito se hace imposible, ni con caballerías. Y el carpintero Cipriano Hernández está en San Pedro, tiene hechos casi tantos pequeños ataúdes blancos como marrones. La parroquia, como otras de tierras altas, tiene su ataúd comunal. Es de madera recubierto con una chapa de zinc para limpiarlo mejor, una vez utilizado. En él se trasporta al difunto de casa a la iglesia, misa de funeral. Y después, sobre andas hasta el cementerio, enterrándolo directamente en el hoyo previamente excavado. Erguida una lápida de mármol blanca, cruz de madera o hierro para el recuerdo. El ataúd al coro de la iglesia vuelve. Ataúd desaparecido, se dice, se comenta que está …

Hablan de él y de Vea en el Programa Milenio 3 emitido el 7 de octubre de 2006 sobre pueblos abandonados (a partir del minuto15,50 y hasta el 29,25), con un mini-reportaje sobre los despoblados de la provincia de Soria y sobre las leyendas de todos los despoblados de España. https://www.ivoox.com/pueblos-abandonados-audios-mp3_rf_220817_1.html

Foto José Pascual

Una imagen plasmada en la memoria, sólo una imagen queda en el recuerdo. Un cuadro de unos 60 cm colgaba de la pared. Estaba representado San Lucas evangelista, el patrón de Vea. La fiesta mayor del pueblo, el día 18 de octubre, actos religiosos y baile en la era de las losas. Del cuadro de la fe y advocación nada se sabe, dónde andará. Y los objetivos religiosos, y la reja de hierro delante del altar mayor, …Venta y expolio del patrimonio, viajero a otros lugares. 

Al fondo el esqueleto de la ermita-cementerio y más arriba los restos del castillo. El castillo de “Los Moros” donde la leyenda situaba el pueblo inicial y que a causa de las víboras fue abandonado y construido en su ubicación actual. Piensa que fue en este castillo de Vea donde permaneció raptada doña Blanca por el moro Yacub-Aben-Said, según la leyenda de doña Blanca y don Nuño recogida por Gervasio Manrique Hernández y también recopilada por Florentino Zamora Lucas.

https://guiadesoria.es/patrimonio/leyendas-de-soria/2003-blanca-y-don-nuno.html

Antorchas encendidas en los cuernos de la cabrada para hacer pensar a los moros que estaban bien defendidos. Lirios de la reina en la falda del castillo, llamados así por haber vivido en él una reina. Pisada del caballo de Santiago, Santiago Matamoros y la leyenda santiaguista.

Pisada caballo de Santiago.

Descendió hasta la plaza y se paró en quicio de la puerta de los “maestrazos”, frente al edificio, ahora casi en ruinas, donde estuvo el ayuntamiento y la escuela. Papeles y documentos allí quedaron, papeles esparcidos que los visitantes se llevaron, papeles para encender hogueras. Cerró los ojos, le pareció escuchar las deliberaciones del concejo, le pareció escuchar voces del maestro y los niños.

En un viejo cuaderno con letra caligráfica figuraba: escuela de ambos sexos de Vea. Curso 1934 a 1935 y 1936. Maestro Interino: Mariano Martínez López (un año en ella).

Niños: Avelino Giménez, Eusebio Giménez, Jesús Giménez, Juan Hernández, Toribio Hernández, Teodoro Hernández, Aurelio León, Silvio León, Pascual Palacios, Manuel Ruperto, Hermógenes Sáenz, Tiburcio Calvo (Peñazcurna), Eloy Giménez (Peñazcurna), Félix Giménez (Peñazcurna), Ildefonso Giménez (Peñazcurna), Nicanor Martínez (Peñazcurna), Félix Pérez (Peñazcurna) y Luciano Pérez (Peñazcurna).

Niñas: Cándida Giménez, Esperanza Giménez, Guadalupe Giménez, María Jesús Giménez, Antonia Hernández, Francisca Hernández, Nicolasa Hernández, Paula Hernández, Piedad Hernández, Cristina León, Florencia León, Francisca León, Josefina Marqués, Eusebia Pérez, Nicolasa Pérez, Paulina Calvo (Peñazcurna) y Cesárea Martínez. (Peñazcurna).

Pupitre escuela Vea 2022

Elecciones de Compromisarios. Relación de concejales y contribuyentes para las elecciones de Senadores.

Concejales: Prudencio Hernández, Domingo Pérez, Prudencio Hernández. Julián Hernández, Emeterio Hernández, José Hernández, Félix Jiménez y Antonio Jiménez.

Contribuyentes: Faustino Marqués, Marcelino León, Casimiro Palacios, Eulogio Jiménez, Pedro Pascual, Francisco Jiménez, Francisco Hernández, Fernando Jiménez, Celedonio León, Martín Hernández, Calixto León, Domingo León, Faustino León, Domingo Palacios, Escolástico Fernández, Matías Hernández, Vicente Hernández, Victoriano Pérez, Benito Jiménez, Pablo Hernández, Pablo León, Antonio Hernández, Esteban León, Victoriano Jiménez, Pablo Sáenz, Tomas Hernández, Hilario Hernández, Domingo Jiménez, Ignacio Pérez, Pascasio Pascual, Nicanor Martínez y Cayo Pérez. (BOP de Soria de 26 de enero de 1931).

Fachada lateral ayuntamiento y escuela

¿Cómo ha sido posible tanto expolio, si hasta allí nunca llegó ni carretera, ni pista?

Sacó el pañuelo de tela, se enjugó las lágrimas y lo guardó en el bolsillo. Sacó nuevamente el pañuelo y enjugó sus lágrimas. 

“tierras pobres, tierras tristes, / tan tristes que tienen alma”. A. Machado.

En los altos, icnitas de dinosaurios -yacimiento del Valle de Valdelalosa-, duras tierras, áridas y frías. En la hondonada el pueblo -Valdelavilla-, con un clima más favorable. “En Valdelavilla todos huertos”, dice la epístola satírica y algún frutal, resistiendo el paso del tiempo.
Casas de piedra, bellas construcciones en las ignoradas Tierras Altas de Soria. Menos de treinta edificios entre casas y majadas. Un horno comunal, su iglesia parroquial, la escuela, una fuente, pilón y abrevadero, todos pequeños como el pueblo.
Minifundio de bancales, surcos de arado romano y vertedera. Una lucha continua contra la naturaleza agreste, para sacarle fruto con sudor. Mulas, caballos y jumentos.
“Labrador, antes sin orejas, que sin ovejas”. Ganaderos de churras. Unas pocas cabezas por vecino y “piara” también en común. Agricultores-ganaderos trabajando de sol a sol. 
A mediados del siglo XVIII era aldea y jurisdicción de la villa de San Pedro Manrique en el sexmo de Carrascales, dentro de la comunidad de Villa y Tierra. Cuatrocientas veinte ovejas churras propias de los doce vecinos agricultores, que habitaban en el pueblo. Y una emigración cíclica, unas pocas cabezas trashumantes, cuando la lana de las merinas era oro. Aparcerías como las de Diego Blanco, veintiocho ovejas y ocho carneros, las tiene con las de don Juan Manuel de Cereceda, vecino de la villa de San Pedro Manrique, las de Joaquín Medel, dieciocho ovejas finas, que las tiene con las de Felipe del Rio de Valtajeros o las de Pedro Martinez, doce ovejas finas, que las tiene con las de Diego Jiménez vecino de Sarnago.
Y su tesoro, la dehesa de encinas de los propios. La riqueza del común. De secano, con una superficie de unas 96 yugadas y tres cuartas. Veinte hectáreas de todos los vecinos. Alguna colmena diseminada, caza en ocasiones furtiva, leña para la cocina baja, pastos para las caballerías y arrendada anualmente para el ganado mesteño.
Luego le agregaron al Ayuntamiento de Matasejún, fue su barrio o pedanía. Otra emigración temporal, pero ahora de personas y en tiempo más reciente. Los cabezas de familia a la vendimia o a trujales. Recolectores de uvas y “cagarraches” de olivas. Jornales de esfuerzo para así poder sobrevivir.
La lucha y el sacrificio del pueblo por y para su pueblo. Eras empedradas y una trilladora comunal, un adelanto beneficioso para todos los vecinos.  La educación lo primero.  Una escuela rural de nueva planta fue inaugurada en el curso 1925-26 solo para los hijos del pueblo.
El mismo año que se inauguró la del vecino pueblo de El Vallejo, sus niños ya no tendrán que recorrer el camino hasta el valle de la villa. Edificio construido con el sacrificio del vecindario. El alcalde, Romualdo Jiménez en 1934 cuando enumeraba las necesidades del pueblo lo decía:“Una de ellas era la construcción de una casa habitación para el maestro, dándose el caso de que aún hay personas que están pagando el interés del dinero buscado para contribuir al reparto señalado, y no puede el pueblo, materialmente agobiado, hacerla por su cuenta propia”.
Tal vez influyó para la construcción de una nueva, el recuerdo de aquellos que prosperaron. El de “un joven de Valdelavilla, pueblo al que parece hasta llegar con trabajo la luz del sol, que con la mayor constancia andaba cada día más de dos leguas de pésimo camino, para recibir las lecciones de un modesto profesor y que posteriormente encontró en América la natural recompensa adquiriendo una muy ventajosa posición social, … “(Noticiero de mayo de 1901).
La mesa del maestro, la pizarra negra con letras blancas, pupitres para dos con tinteros y letras con plumilla y pizarrín. Aros con varilla deslizándose por la cuesta y sonidos de canciones infantiles repetidas.
Y nuevos alumnos que se incorporan del cercano pueblo de Torretarrancho. Era el año 1927 “Varios vecinos de Torretarrancho, ayuntamiento de Valtajeros, solicitan que aquel pueblo se separe del distrito escolar de Valtajeros, por hallarse la escuela a tres kilómetros, con mal camino y se agregue a Valdelavilla, de cuya escuela dista solamente kilómetro y medio, de fácil transito”. Hoy de la Torre, como le llaman los de la zona, ya solo queda el recuerdo en la memoria y piedras caídas.
Proyectos de progreso e ilusión del pueblo y para el pueblo. Era la década de los treinta: una casa para el maestro y la construcción de un camino vecinal, que enlace con la carretera de Matalebreras a San Pedro.
Escuela de la República. Enciclopedia con todas las materias, un mapa de España colgado y el mundo en una esfera. Maestros interinos y juegos infantiles, peonzas rodando, escondite y bote.
Década de los cincuenta, años de mejoras e ilusión. La luz eléctrica que llegó en octubre del 1952, al teléfono y la televisión en blanco y negro no les dio tiempo. En 1957 otro anhelo cumplido, el abastecimiento de agua para la fuente, lavadero y abrevadero, a las casas nunca llegó. Su inauguración fue un hito importante para el pueblo. La visita del Gobernador Civil y el discurso escuchado del alcalde, palabras de Julián Lasanta Ramos.

Pendientes quedaban las calles y el camino vecinal contra el aislamiento. El camino nuevo, más esfuerzos y sacrificios. En el año de 1958 ya está construido. Curvas entre encinas hasta juntarse con la carretera de Castilruiz. Hacenderas de vecinos.
Nueva escuela se construye en los primeros años de la década de los sesenta, en esta ocasión se dispensa al pueblo de la aportación reglamentaria para la construcción por el Estado de sus edificios escolares, por haber probado sus escasas disponibilidades económicas.
Escuela rural de la posguerra. Crucifijo colgado, la hucha de la Santa Infancia y el catecismo de la fe impuesta. Tiempos de religión y curas con poder. El maestro interino, que no fue depurado. En el recreo voces infantiles, voces infantiles. En el pupitre la enciclopedia y el cuaderno del adoctrinamiento. Caligrafía y ortografía. Dictados y problemas. Intercalados entre ellos: “los Santos y los difuntos”, “El Evangelio”, “Nacimiento de Nuestro Señor Jesús”, “Fiesta de Cristo Rey”, “Miércoles de ceniza”, “Semana Santa” … “La campaña de Huesca”, “Defensores de Teruel”, “El sitio al Alcázar de Toledo”, “Aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera”, …
Eran los años sesenta del siglo que nos dejó, catorce familias y unos cuarenta habitantes allí vivían.
Un Decreto nº 3251/67 de 7 de diciembre, «Repoblación obligatoria» de la zona afectada, necesidad y urgencia de ocupación y la utilidad pública de la misma. Denominada «Valdelavilla», con trescientas sesenta y dos hectáreas y noventa áreas, del término municipal de Matasejún, en su anejo Valdelavilla. Se crearán pastizales mejorados, noventa y nueve hectáreas en el subperímetro de Valdelavilla>. Comenzaba el año de 1968, comenzaba el final.
Y llegó la emigración. La última maestra y los últimos pupitres ocupados. Tres alumnos, era el curso de 1967/68. El sonido de la llave cerrando la escuela, silencio de voces infantiles y recuerdos en la memoria.
Poco después en el año 1968 quedó deshabitado el pueblo. Por la carretera del esfuerzo, ascendieron los enseres de la última familia. Antes se oyó el sonido grave de la llave cerrando la puerta. Desde el alto volvió la vista a su pueblo, al de sus ancestros, a sus raíces. Sacó el moquero nuevo y seco las lágrimas que lentamente resbalaban entre los surcos de su cara.

Allí quedó su iglesia parroquial, bajo la advocación de Nuestra Señora de La Antigua. El cementerio, donde descansan los cuerpos de la fe entre cruces de hierro. El horno de pan y el olor a hogazas recién cocidas. El agua corriendo desde la fuente al abrevadero y al lavadero. Las casas cerradas y las vidas forzadas a una emigración definitiva. Familias de apellido: Benito, del Barrio, Herrero, Jiménez, Lasanta, Martinez, Ramos y Sáenz.
Puertas que se cerraron y puertas que se abrirán, pero eso será en una próxima entrada.
La educación y alfabetización han sido prioritarias para la gente de estos pueblos. Casi todos sabían leer y escribir. Quizás por ser las cartas el único medio de comunicación entre ellos y sus familiares en extremos. Hubo un tiempo en que había niños en el pueblo. Hubo un tiempo en que incluso había dos escuelas, una de niños y otra de niñas, y casa para el maestro.
En el año 1898, “Los Sres. Ridruejo, laboriosos y afortunados comerciantes, han construido en su pueblo natal San Andrés de San Pedro, un buen edificio para escuela que, después de surtirlo de abundantes material, han donado al Municipio”.
En agosto de 1932 Construcción de Escuela. EDICTO: El Ayuntamiento de San Andrés de San Pedro ha dispuesto edificar una escuela de niños. Los que deseen tomar a su cargo la construcción por contrato hablado, pueden presentarse a tratar con dicho Ayuntamiento el día 25 del actual, a las dos de la tarde, en la Sala Consistorial de este pueblo.
El curso 1966 se suprime la unidad de niños y se convierte en mixta la de niñas, por no existir censo escolar para su funcionamiento. El curso 1981 es el último en que se imparten clases y se escucha el sonido grave de la llave en la cerradura. 
Curiosamente a esta escuela acudió algunos meses Dionisio Ridruejo. En casi unas memorias nos dice: “Debí pasar algunos meses en el pueblo pues me mandaron a la escuela con mis primos. Una escuela limpia y chiquita, próxima al arroyo y pegada a una de sus modestas e insulares arboledas de álamos y acebos.” “Solo el Vallejo donde está la escuela, con sus chopos y sauces crecidos, me pareció lírico y gentil. Se comprende bien que la Andalucía entrevista en los inviernos de la trashumancia atrajese a los hombres que aun siendo propietarios en el pueblo sufrían una vida tan estrecha. Porque eran hombres de fibra dura, inteligente, que a pesar de su pobreza y la ingratitud del clima, habían aprendido a leer y a llevar cuentas y, sobre todo, llevaban en la sangre aquella dignidad austera, aquella lucidez más lógica que imaginativa de que hablan los entendidos en antropología soriana y celtibérica. Hechos a la nevadas recias y a los trabajos duros. ¿Qué no harían en la Andalucía indolente y regalada, mísera para sus esclavos de la tierra, pero ubérrima como medio natural?”.
Hoy solo quedan los recuerdos, la ruina de una de ellas (enajenada en pública subasta en 1989), la otra rehabilitada y acondicionada, y las viejas moreras como testigo de aquellos días en que se celebraba  la festividad  del día del árbol.
“Hasta el mejor escribano echa un borrón”.
Arquitectura rural. Todas las casas eran de piedra y estaban habitadas. La piedra sabiamente empleada en casas, majadas, calles y eras de pan trillar.



Las casas, muchas de ellas con corral a la entrada, de muros gruesos y con pequeñas ventanas para protegerse del frío. Formadas por una planta baja, con el portal y estancias para tener los animales. Cuadra y pocilgas. Caballos, cerdos y gallinas. Calefacción animal. En la planta de arriba la cocina y habitaciones, en ocasiones con sus alcobas y en la ultima el somero o desván, con los graneros.

La cocina del pueblo, la estancia principal de la casa. Y en ella el “hogar” quizás llamado así por ser el lugar de tertulias y de decisiones familiares, al calor de las ascuas. La marcha de los hijos, educación con sacrificio. La fecha de para dar dos vueltas a la llave de la puerta de la casa familiar. Emigración a otros pueblos más grandes,  a la ciudad de Soria  o a otras regiones de España. Emigración.
Bancos de madera para la voz de la experiencia. Pucheros con lenta cocción de guisos, tal vez patatas con congria. Caldero sobre trébedes con berzas, patatas pequeñas y salvado, el alimento de los cerdos. Matanzas en invierno, sustento para todo el año. Fuelle, tenazas, badila, seseros, llar con caldera colgada, rodafuego para que no salgan las ascuas, tentemozo para sujetar sartenes y el trasfuego. El trasfuego siempre me gustó. Hierro fundido protector apoyado en la pared de la chimenea y bellos dibujos difuminados por las llamas. Recuerdos.

Piedras grabadas en las fachadas a escoplo y cincel, iniciales y fechas que aún perduran.


Atrás quedó el empedrado tradicional en las calles y las plazas. Mosaicos sustituidos por la pavimentación actual: cemento y más cemento.

Bella sierra, bellos paisajes y bella naturaleza.
Bello paisaje y tan diferente según las estaciones. Pastizales, diminutas manchas de cereal, dehesa boyal de robles (lotes, suertes de leña y el azar), monte de carrascas, espinos y aliagas, en las riberas de los ríos chopos, avellanos y olmos que no conocieron la grafiosis.
Crudo invierno soriano, cierzo, nieves y ventisca. ”Primavera soriana, primavera humilde, como el sueño de un bendito,…” don Antonio machado. Agostadero pardo, hierba y mies en  verano. Otoño triste y oscuro, ensalada de colores.
Paisaje modificado por la repoblación forestal subvencionada después de la concentración parcelaria. Pinos y cerezos salvajes.   



Os propongo una ruta, el destino será la dehesa boyal. Al final del pueblo encontrarás una bifurcación de caminos, ambos nos conducirán al destino. El de la izquierda nos llevará hacía el río “la Fuente”, donde se lavaba  la ropa hasta el año 1987 en que se puso el agua corriente,  y una vez pasado el río tomamos una senda ascendente. El de la derecha es una senda cómoda que conducirá a la otra puerta de la dehesa. Si te animas puedes bordearla, siguiendo la cerca de piedras. Cerca de piedra construida por los ancestros y mantenida y reparada mediante hacenderas comunales, portillos anualmente reparados.

O quizás otro destino más cercano, tomamos el camino de concentración que sale de la parte baja del pueblo, una vez pasado el puente del “molinillo”, a unos cien metros a la izquierda sale una senda que nos llevará al paraje “El santo” (donde están los restos de la antigua ermita de San Andrés) y si continuamos y ascendemos llegaremos a la Poza de la Fuente El adre. (Adre: repartir las aguas para el riego).
Según la epístola satírica: “En San Andrés: los Medeles, gente santa o no santa, líbranos Dios de ellos.”