En la loma, en el centro de la inclinada plaza rectangular los silencios. Una frase, con la que no estaba de acuerdo, me viene a la memoria: “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Allí junto a las piedras caídas, de lo que en su día fue frontón, con el amigo Blas Gonzalo. Estamos en la Soria vaciada. Es una Soria que agoniza, se extingue, se termina.
Atrás dejamos las aguas del arroyo de la Hocecilla. El lavadero, calderos con rodete en la cabeza, equilibrio en la cuesta. La fuente, cántaros en aguaderas sobre las caballerías camino de las tinajas de las casas. Pilón con agua rebosando, abrevadero para el ganado vacuno, equino, asnal y mular. Huertos de hortalizas y prados de dalla en regadío. En tiempos pasados.
Ascendemos por la vereda lentamente y en silencio. En el cerro de la izquierda un palomar en ruinas, sus entrañas desangradas a la vista.
Frente a él ya la aldea, otro edificio en destrucción. La parte superior palomar y en la parte inferior colmenar.

Cuando en 1752 se realizó el catastro del marqués de la Ensenada había ciento cinco colmenas, de las que setenta y ocho pertenecen a Francisco Peregrina mayor, diez a Juan Esteban Rodrigo, una a Francisco Moreno, otra a Francisco Camacho, seis a Juan Esteban García, ocho a Juan de Peregrina, y al otra Francisco de Peregrina menor, colonos y moradores del caserío.
El horno comunal, en su interior dos poyos de obra a los lados. Tablas sobre la cabeza con hogazas amasadas y tapadas. Ahora esperando sobre el poyo la temperatura adecuada. El sonido de la hornija crepitando. Ascuas retiradas, pala alargada y manos femeninas. La rejilla y hogazas ya cocidas enfriándose sobre el poyo. La cesta o pandera esperando. Tortas de cenceña y de aceite, dulces, manzanas y pimientos.
El olor a abandono y el frío por su puerta penetran.
En el mismo edificio, el transformador de la luz con su puerta elevada para acceder. La luz llegó y la luz se apagó, década de los sesenta.
Estamos en Lomeda. Coto, caserío o pueblo, ahora despoblado. Abandono, saqueo y ruina.
Las eras de pan trillar, regadas con sudor y sacrificio de quiñoneros.
Y cerca el cementerio, separado del pueblo. Tierra sagrada de descanso. Nichos en la pared, cruces de piedra y hierro en suelo. Homenaje a los ausentes y a su recuerdo. Nombres y fechas. Lo único arreglado y restaurado. Bajo la cruz de piedra y en la clave de la puerta de acceso el año de su construcción. Sangre de la sangre y unas flores marchitas.
Puertas caídas y puertas arrancadas, tejados hundidos y tejados de uralita. Lo que fuimos y lo que somos.


Del pueblo y los colonos, usufructuarios con renta de por vida, hablaré en una próxima entrada. 
No todos sirven para las rutas de la despoblación, amigo Blas. Para admirar, contemplar e imaginar lo que fue. No todos lo valoran y sienten, amigo Blas.






Con el alba las primeras luces iluminan los montes. El sol comienza a despuntar y el día va clareando. Precioso orto amigo, mereció la pena madrugar. Una vez más, el camino nos conduce a las Tierras Altas sorianas. Retornamos a los orígenes, a San Andrés de San Pedro y a Valdelavilla, tierras ahora de soledad. La vida y los recuerdos nos acompañan.
Puerto de Oncala, divisoria de aguas viajeras, unas al Duero y otras al Ebro. Contrastes de paisajes según las estaciones, pero siempre bellos paisajes serranos. Antigua caseta de camineros ahora refugio de cazadores. Puestos alineados en la ladera en espera de palomas migratorias. Éxodo continuo de vidas a otras tierras, desde la década de los sesenta del siglo pasado. Puertas cerradas en espera de tiempos mejores y ruinas. Continúa el camino, atrás quedaron Oncala y El Collado, hasta llegar al destino el pueblo de Navabellida.

Nava-bellida, tierra bella con ricos pastos para el ganado. Pastos de verano en las alturas. Tierra pobre para la agricultura. Tablas en las laderas, mucho sudor derramado en el minifundio. Dos barrios separados por un pequeño arroyo, aguas al Linares.

Dos calles la Real y la de Arriba, rústico empedrado.

Casas de piedra, bella arquitectura serrana. Algo más de una veintena, la mayoría en equilibrio.


Casa con gusto restaurada, casa revocada y algún tejado recorrido. Casas y pueblo con alma. Portales y cuadras, majadas improvisadas. Puertas cerradas en espera de tiempos nuevos. Antes dependiente de El Collado y ahora pedanía de Oncala.


La escuela y los alegres chiquillos, hoy muda y arreglada junto a la casa concejo.

El frontón construido en 1954, con su pared lateral hace poco levantada. Ya hace mucho que no se oye el sonido de la pelota en el frontis.

Fuente de arriba, fuente-abrevadero de la década de los veinte del siglo pasado junto al pequeño riachuelo y pilas de lavar comunales. 




El trasformador resistiendo desde 1952 junto a las eras de pan trillar.
La hiedra que asciende por la espadaña de las ruinas de su iglesia. Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora y campanas expoliadas. Dos fundidas en Vitoria 1950, Viuda de Murua, cobre codicioso vuelto a fundir. Cobre robado y comprador sin escrúpulos. En el recuerdo su repique, festejos a su patrona, nieve negra y a la alegría por el regreso de los pastos del sur. Nombres de santoral y apellidos repetidos, vidas de otros tiempos.

Es otoño. Los quitameriendas han comenzado a florecer en las laderas abrigadas. “Por los santos, la nieve por los altos y por San Andrés, la nieve por los pies”. Los rigores del invierno acechan. Sonidos de balidos y esquilas. Merinas trashumantes. Careas ladrando mientras que los fieles mastines marcan su territorio. Uno de los dos rebaños viajeros que quedan en Tierras Altas.
Pastos de invierno. Trashumarán a las dehesas extremeñas antes de la paridera. Las ovejas lo presienten, están nerviosas. Ven cercana la partida. Y las sierras tristes y oscuras se quedarán. Esperarán la nieve blanca de invierno, un mayo lluvioso y los finos pastos que resistan al agostadero.
Pero ahora otros pastos nuevos les aguardan. Tradición milenaria que se repite, pero que pronto se terminará. Y la sierra, de momento, durante siete meses las esperará. Puerta que se cierra. No es una batalla, es una guerra que ya se perdió. Tal vez si se vallaran los pastos comunales, tal vez si una denominación de origen las protegiera, tal vez si quitáramos sacrificios al ganadero, tal vez, tendría futuro.
Una fecha marcada en el calendario. Ese día ha de llegar. Los días anteriores de preparativos. Es la partida, la despedida, la ausencia. Las yeguas cargadas. Siete meses de espera y hojas del calendario quitadas. En el pasado andando, luego en trenes y ahora con camiones.
El ocaso llega, cae la noche en la sierra. El sol lentamente se va escondiendo. Bellos destellos rojos entre nubes de algodón. Limpio se pone. Cabañuelas y sabiduría rural coinciden mañana será un día despejado. En el silencio, ese silencio deseado, imagino una figura que lentamente camina apoyada en el bastón de la dignidad. El pelo canoso y las arrugas denotan el paso del tiempo. En la piel el aire y el sol de la sierra. Allí se queda, el pueblo y la riqueza de otros tiempos, las merinas de lana fina.

La Peña del Duro o del Canto es la gran obra de Julián Pérez Pérez, frases y dibujos labrados a cincel en una gran roca de arenisca. En el centro de ella observamos esculpido el reverso a gran tamaño, de una moneda de 5 pesetas. Es el conocido popularmente como “duro”, de ahí el nombre por el que se la reconoce. Interesante y enigmática roca, de la que en este 2021 se cumplen los cien años de su finalización. 


Se localiza en el paraje de las Cuerdas de Berrún, dentro del término de Ocenilla, pueblo que en la actualidad pertenece al municipio de Cidones. Si quieres conocerla debes tomar una pista en la parte baja del pueblo de Oteruelos, es el llamado “Camino de Berrón”. Recorrer unos cuatro Kilómetros, dejando al lado derecho unas majadas y una explotación de ganado vacuno, hasta que ésta se bifurca. Allí, aparca el coche y andando continua por una senda en la misma dirección de la pista, tras caminar unos 500 metros llegarás a ella.   
Mide aproximadamente 15 metros de largo, por unos tres y medio de alto. Se halla rodeada de praderas de pastos para el ganado, cerca de un pequeño riachuelo, junto a una majada con corral que ahora está en ruinas.  La forman cinco paños verticales, cinco páginas con grafitos del libro de una vida. La obra la realizó en dos épocas de su vida, en su juventud y tras su jubilación.
Quizás la comenzó a cincelar mientras el ganado pastaba o sesteaba en esas praderas y él lo cuidaba, o cuando encerrado en la taina lo vigilaba.

Julián abandonó las tierras sorianas, fue destinado al cuerpo activo en el Ejercito el 1 de abril de 1878, procedente del llamamiento de ese año, pasando a la situación de reserva el 1 de abril de 1882. Posteriormente prestó sus servicios en la Guardia Civil durante casi 26 años. Cesó en dicho Instituto el 17 de febrero de 1910 por cumplir la edad reglamentaria. El guardia civil retirado, que en ese momento residía en Villamanta (Madrid), cambió su residencia al pueblo que le vio nacer. Allí continuó con su obra, un infatigable trabajo, hasta finalizarla. Falleció el 13 de marzo de 1925 a los 66 años, cuatro años después de acabarla, siendo enterrado en el cementerio de San Antonio de Padua de su Ocenilla natal.
Dos figuras humanas esculpidas en la roca representan al autor, en esas dos épocas de su vida. Dos autorretratos se distinguen, una figura joven y otra con el uniforme de la guardia civil.

Según consta en una inscripción: “POR LA GRACIA DE DIOS. JULIAN PÉREZ Y PÉREZ DE OCENILLA GRABÓ ESTA PIEDRA, A LOS 19 y 62 AÑOS EN 1878 y 1921”
Aunque también aparece grabado el año 1877, como la fecha de comienzo del trabajo.

Así en el primer paño distinguimos una flor de ocho pétalos, inscrita en un círculo doble. Debajo el nombre del autor: “JULIAN PEREZ 1877” y en letra más pequeña: “JULIAN PEREZ PEREZ DE OCENILLA” A la izquierda de la flor y en letras  “(*) EDAD 19 AÑOS”, sobre una planta (raíz, tallo y flores de ocho pétalos) el árbol de la vida (enlace entre lo terrenal y lo espiritual) y un zorro que nos mira (astucia y picardía).



En el segundo paño sobre un hueco labrado en la roca, cual sagrario del dinero, está tallado el reverso de una moneda de 5 pesetas. Ocupa la totalidad del paño el "duro". Coronado por el escudo de España, la corona real y las tres flores de lis de la dinastía Borbón, que volvieron a aparecer en las monedas tras la restauración. Leyenda: “S. G.” del grabador y “REY CONSTL. DE ESPAÑA. 5 PESETAS”. Pienso, a falta del dorso, que se acuñó durante el reinado de Alfonso XII (1874-1885).

A la derecha del tercer paño, el central de la roca, la figura del autor joven. Con la capa de pastorcillo, sería hasta aquí lo que habría esculpido en la primera etapa.
Encontramos en él una secuencia vertical de imágenes que ocupa su totalidad, simbología de una existencia cristiana. Comienza en la parte superior con el símbolo del “Ojo de la Providencia”, el que todo lo ve. Se halla inscrito dentro de un triángulo (Santísima Trinidad) con mensaje. Es la vigilancia de Dios sobre la creación. A ambos lados dos ángeles alados y arrodillados.
Debajo una cruz latina con sus rayos rodeada de otra inscripción, que acaba en una espiga y en el dinero. Le sigue una calavera franqueada por dos cruces de menor tamaño.
Descendemos y encontramos un libro abierto con la inscripción latina: «TALIS VITA” “FINIS ITA» en sus páginas, “la muerte será según haya sido la vida”. Le siguen otra cartelera con sendas cruces a los lados, bajo el ojo observador las tablas de la Ley.
La representación de la muerte: una cruz, la calavera y las tibias entrecruzadas, rodeadas de un cartel. “… MUERTE YO SERE …” Finaliza el paño con una representación de la tierra.
Es aquí cuando el autor comienza a plasmar frases morales, dos mensajes uno a la izquierda y otro a la derecha de la secuencia. Mensajes, fundamentalmente morales, que se repetirán en lo que queda de espacio, alguno de ellos copiaré en esta entrada. Así en uno de ellos leemos: "LA CARIDAD EXPIA LOS PECADOS/HAY POBRES EN EL MUNDO QUE/SON RICOS EN EL CIELO COMO LO FUE/EL POBRE LAZARO Y EL RICO/AVARIENTO"

En el cuarto paño distinguimos un ave coronada, cuyas garras sostiene una bolsa con monedas. Frente a ella un diablo también coronado, representado con cuernos, tridente y cola.


Una cartelera que nos informa de la representación: “LA AVARICIA, ESTAFA Y USURA” (Uno de los siete pecados capitales, la avaricia: vicio por el deseo de poseer, ambición desmesurada por acumular riquezas; incluye la estafa, usura el interés excesivo).
Bajo la cartelera nuevos mensajes, seguidos:  
“ME GUSTAN TUS OBRAS/AMIGO MIO, PERO TIEMBLO/QUE VENGA A JUZGAR/JESUCRISTO, PUES A TI/Y A MI NOS LANZARA AL ABISMO/POR NO ARREPENTIRNOS”
“MUERTOS Y VIVOS TO/DOS SON MIOS Y DE/Y RICOS LLENO EL BOLSILLO”
“HACIENDA Y PODERES/DINERO Y MUJERES/SON MIS PLACERES”
Y a pie del suelo una nueva frase, que abarca los dos anteriores. 
“NO HAY BUEN FIN POR MAL CAMINO Y AL CIELO SE VA/POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO”

El último paño nos da información sobre el autor y la obra.
“JULIAN PEREZ Y PEREZ / DE OCEANILLA/GRABÓ ESTA PIEDRA/A LOS 19 Y 62 AÑOS/EN 1878 Y 1921”
Su autorretrato con el uniforme de gala de su profesión, los botones lo delatan.
La sentencia política y religiosa:
“PATRIA, PROGRESO, ILUSTRACION, IGU/ALDAD ANTE LA LEY, PAZ Y JUSTICIA/Y ADORAR SOLO A DIOS NUESTRO SEÑOR”
Para acabar con el mensaje final:
“AL HOMBRE SIN FE NI RELIGIÓN TENLE/COMPASIÓN Y RUEGA POR EL A DIOS./CIELO GANARAS CON LA FE, ESPERANZA/Y ¡CARIDAD!”

Con orientación norte, sufre una fuerte erosión y los líquenes la han conquistado. A medida que el tiempo va pasando es más difícil distinguir imágenes y mensajes. Si decides acercarte ve por la tarde pues se aprecian mucho mejor. Tal vez con un mantenimiento adecuado se pueda conservar para el futuro la obra que el autor nos dejó.

Para mas información puedes consultar: ‘Los grabados e insculturas de la Peña del Duro’ (de Juan A. Gómez-Barrera y Antonio Fernández de San Román) publicado en Casos y Cosas de Soria II de Soria Edita.
Esta entrada, complemento de otra anterior: http://www.otrasoria.es/2019/10/julian-perez-y-perez-cidones-y-ocenilla.html, pretende ser una interpretación personal, en ocasiones con reflexiones, de lo que entiendo que se dice y lo que supongo que insinúa el autor. Posiblemente contenga errores.