Cuando el día clarea, tras los cristales empañados, se perciben los copos de blanca nieve. Caen lentamente, pausadamente se van depositando sobre el manto inmaculado, ya existente. En el silencio de la pequeña alcoba, con suelo de madera, se oye la tenue música de compañía, que la radio philips emite. Y sobre la vieja mesilla de roble, junto al reloj, el vaso de agua espera para alivio del asma sobrevenida al abuelo.
Con los primeros rayos de luz, a través del pequeño ventanuco del somero, sangre de la sangre, dirige la mirada por encima de los tejados, a la ventana del cuarto del abuelo. Tiene la esperanza de que no esté allí. Que no se divise el trapo rojo entrelazado y que el viento ondearía en la distancia. Su ausencia es la señal convenida, otra noche pasada sin novedad. El trapo yace en espera, anudado sobre la silla con asiento de anea.
Recuerdos, muchos recuerdos adormecidos, que con el alba a borbotones a la mente le afloran.
Tiempos del pasado, de nieve y cellisca, de muchos grados bajo cero y grandes carámbanos colgando de los aleros. Tañidos monótonos de campanas, toque de perdidos y luces de faroles. La ausencia del vecino y quizás el negro de la noche. Sonidos de bocina y bando del alcalde pregonado por el alguacil, para “abrir camino”. “Por el señor alcalde se hace saber”, la voz recorre el aire del pequeño pueblo. Quizás sea necesaria la presencia del médico o el veterinario, quizás tengan que transitar el caballo o el mulo.  Una persona por casa abierta. Pala en mano, polainas y tapabocas. Camino estrecho por la vieja calzada hasta donde acaba el término municipal. Allí donde se juntará con la senda que otros vecinos del pueblo continuo realizarán. El mismo camino que muchos vecinos habían tomado, poco a poco, sin prisa ni pausa, con la esperanza de una vida mejor. Raíces arrancadas de su tierra, por la miseria del momento fomentada. Tiempos de nombres, ahora raros, que se fueron para no volver.
Y después, hay que hacer otro camino, estrecho camino del esfuerzo, para dar de comer y beber a los animales.
Presentía desde su cama las sierras cubiertas de nieve helada. Las recordaba y las sentía llenas de fina hierba, como cuando llegaba con las merinas, al agostadero deseado. Ahora incrédulo veía que las vacas habían sustituido la riqueza de siglos de estas tierras. Lo que no lograba entender es el futuro, carne artificial creada en laboratorio le decía el nieto. No me lo creo, eso no es posible.
La abuela, enjuta y de pequeña estatura, ya había saludado al nuevo día. A través de la trampilla deja caer esparcidos los granos de trigo, se oye el sonido agradecido de las gallinas mientras el gallo altivo vijila posado sobre el zarzo. En la cocina se oye el sonido del fuego crepitando. El roble, cortado en la dehesa boyal en la suerte del año anterior, se va consumiendo dando algo de calor a la estancia. Un Hércules y el león difuminados, se distinguen en el trasfuego. Sobre las trébedes el caldero borboteando, pequeñas patatas y hojas de berzas para los cerdos. De las vigas de madera del techo cuelgan varas, con algunas vueltas de chorizos. Era un pequeña y oscura estancia, con las paredes ennegrecidas. La alacena empotrada para guardar las viejas sartenes de patas. En el vasar la irregular vajilla descansa. El cantarero, donde un botijo, el rallo y dos cantaros de colores, marrón y negro, descansan. Sobre la pequeña mesa, tantas veces pintada, el calorífico de cinc con su funda de vivos colores, donde las dos sillas se esconden.
En el hogar bajo, el puchero cocinando el guiso a fuego lento y un banco de patas desiguales. En el aire el eco de cuentos, leyendas y romances, tantas veces recitados. Palabras pausadas del día a día, palabras pausadas de decisiones trascendentes.
El abuelo, hace tiempo que ya había comprendido que la única verdad, verdad verdadera, era que si había nacido tendría que morir. Desde la ventana divisaba el nogal. Los arboles hay que dejarlos crecer, pero no crecerán si una sombra los tapa, Solamente, solamente en caso que se tuerzan habrá que poner una horcacha para guiarlos. La vida es como la naturaleza, sentenciaba el abuelo.
Se sentía mayor, había entendido que tendría que elegir, que no le quedaban suficientes días y fuerzas para todo lo que le gustaría hacer. Había entendido la vida, el sentido de su vida. 
Arriba en el somero, colgados de púas y clavos, quedan objetos del pasado cubiertos de polvo. Se resistió a venderlos a ese anticuario usurero. Antes regalados que mal vendidos. Abrió y cerró los ojos. Los visualizó, allí estaban como testigos de una vida de sacrificio, con su valor sentimental. Nombres y objetos que se van perdiendo ante la inmediatez actual. 
No entendía, ni asentía, el “cuanto menos seamos a más nos toca “ y su rostro se trasformó al escuchar una conversación, sentado en el poyo de piedra de la plaza.
¿Sabes cuál es el pueblo donde mejor se llevan los vecinos? 
- Pues ni idea. 
Es aquel en que solo quedan dos.
- ¿Por qué?.
Pues, porque no se hablan.
El abuelo era conocedor de mundo y respetaba la diversidad. Sería por el intercambio experimentado en sus largos viajes a extremos, después de la incivil guerra. 
No entendía el individualismo de la sociedad actual. Sabía que la sociabilidad era un pilar fundamental en la vida, en la convivencia de los pequeños pueblos. 
La colectividad. Las fiestas y los juegos infantiles. El trasnocho a la luz del candil, con el brasero de ascuas rojizas en los pies. Los trabajos a reo vecino o adra, para reparar paredes de dehesas boyales, caminos, puentes y acequias. La matanza del cerdo, imprescindible acontecimiento familiar. El juntar varios vecinos las ovejas para hacer piara. El segar los cereales entre varios, para optimizar maquinaria. Recuerdos. 
Veía los hombres en la fragua en torno al fuego, con el sonido de fondo del martillo golpeando sobre el yunque. La pequeña taberna, palabras entorno a un porrón y al cuarterón. Y a las mujeres en el horno comunal, mientras amasaban y cocían las hogazas. En el lavadero público o pozo de concejo. En la fuente, cántaros en la cabeza sobre el rodete En los carasoles, hilando o cosiendo. Más recuerdos.
No se encuentra más solo el que solo está, decía el abuelo.
Saca un moquero nuevo, planchado, lentamente lo extiende y enjuga las lágrimas que brotan del corazón. Lagrimas que, como riachuelos de montaña, se abren camino entre los surcos de la vida. Viviendo y muriendo.

Dormido o despierto. Todo fue un sueño, abrí los ojos y fui allí donde las raíces se juntan con la tierra. Atrás quedaron los tiempos de intercambios de saludos, ahora son tiempos de palabras mudas. Del silencio roto por el viento, penetrando por los huecos de las casas en ruinas. En unas pocas décadas hemos permitido, hemos consentido, fuimos cómplices de que se pierda lo que con tanto esfuerzo, en siglos construyeron nuestros ancestros. Y debería hacernos pensar, si aún somos capaces de pensar.

En la anterior entrada hablé de los militares sorianos que lucharon en África y de las ayudas que la Junta Patriótica Soriana les dispensó. Fueron miles de combatientes, españoles y miembros de la policía indígena, los que murieron en tierra marroquí. Muertos en combate, en las descubiertas para realizar las aguadas y poder abastecer a los blocaos, malheridos, hospitalizados en el protectorado y otros evacuados al sur y este de la península, muertos a consecuencia de las heridas de guerra, de enfermedades contraídas o muertos en cautiverio. En noviembre de 1921, hay en África 1.093 soldados sorianos, de ellos se dan como desaparecidos 48, como hospitalizados 12, como fallecidos 7 y como prisionero 1. Son soldados de reemplazo, sin preparación, escasamente pagados, mal alimentados y peor armados. 
La Junta Patriótica de Soria tomó el acuerdo de la colocación en las iglesias, de lápidas homenaje, para todos los hijos de la provincia que hayan muerto luchando en África. Un acuerdo que no distinguía muertes entre las clases sociales, no era preciso presentar el amillaramiento que justifique la pobreza, como para la concesión de donativos y socorros económicos. En julio de este mismo año, ya han sido encargadas, a una acreditada casa de Madrid. En enero de 1923, la Junta Patriótica Provincial ha expuesto en los escaparates de la Libería de don Eugenio las Heras, las preciosas lápidas dedicadas a nuestros soldados fallecidos en la campaña de África. Y se hace un ruego, a los Secretarios de los Ayuntamientos, para que pasen a recogerlas en la Tesorería de dicha Junta, las que se dedican a los militares de sus respectivos pueblos.
Lumías.
La campana de la Audiencia da las doce. Tañidos de otras campanas, las de La Mayor, sonidos de bronce monótonos y lentos. Doblan todas las campanas de la ciudad de Soria, llorando a sus muertos mientras se bendicen las lápidas. Era el 18 de marzo de 1923, dos nombres grabados en mármol. Santiago Sainz Murillo, soldado de infantería de la compañía de Ceriñola, muerto de enfermedad “por la patria” el 16 de septiembre de 1922 y Elias Beltrán Gallegos, Alférez también de infantería, muerto en combate “gloriosamente” el 8 de julio de 1922. 
Era el acto central, el homenaje a los soldados muertos en campaña. En la Diputación provincial autoridades civiles, militares, eclesiásticas, comisiones de entidades y centros docentes. En silencio se escucha el sonido de nombres, de hijos de la provincia, que han fallecido en la última campaña de África. Cuarenta y uno con apellidos, su grado y los pueblos de nacimiento. Discurso del Gobernador Civil, Sr. Mesa de la Peña. Discurso del Dr. Gregorio Calvo en nombre de los familiares. Misa en La Mayor y las lápidas bendecidas se colocan en las iglesias: de El Salvador y La Mayor.
En la provincia ya había comenzado la colocación de placas homenaje. Un ejemplo singular. En febrero de 1923, en el pueblo de Deza, se realiza el solemne acto de colocación de la lápida conmemorativa dedicada al capitán, hijo de la villa, Agustín Aguado Martínez, muerto gloriosamente en la campaña de África. “Se celebró Misa de réquiem por su eterno descanso, y la lápida colocada en la iglesia parroquial fue descubierta con gran solemnidad, asistiendo al acto las Autoridades locales, fuerza de la Guardia civil del puesto y casi todo el vecindario, los niños de las Escuelas con sus profesores, y el señor cura párroco don Pedro Febrel pronunció una plática muy sentida y elocuente alusiva a la conmemoración”.
Agustín era de familia militar. Hijo de Quirico Aguado Manrique, coronel de infantería retirado,  fallecido en Deza el 12 de septiembre de 1930 y de Salvadora Martínez. Cuatro hijos y los cuatro hijos militares. Tres de ellos murieron en tierras africanas. Agustín, capitán  de Regulares de Ceuta, muerto heroicamente en el combate Sebt (Melilla) en octubre de 1921, Quirico, teniente de Infantería ametralladoras, muerto ocho días después de su hermano, en asalto de la Esponja de Taxuda. Y cuerpos sepultados. En julio de 1927, se autorizó la inhumación de sus restos, para trasladarlos a Ceuta. Allí se unieron a los del otro hermano Marcelo, teniente de Regulares de Ceuta, muerto en la vanguardia de la columna Capaz, el día 7 del mes de junio de 1927. Un barco los trasladó hasta Algeciras. Fueron finalmente inhumados, en el cementerio católico de Torrero (Zaragoza), el 25 de julio de 1927. El cuarto hermano Virgilio, comandante sublevado, también falleció en combate, en Sarrión en 1938.
Restos en el cementerio católico de Zaragoza, placa y calle en Deza, el pueblo que le vió nacer, capitán Agustín Aguado.
Hasta febrero de 1923, que se sepa, son 41 los soldados muertos en campaña y 58 los desaparecidos. Por real orden del ministerio de Gracia y Justicia de febrero de 1923 se dicta que a los desaparecidos de la campaña cuando los tristes acontecimientos de Julio de 1921, se les dé ya como fallecidos. Noventa y nueve vidas sesgadas en ese momento, muchos soldados sorianos muertos en el protectorado, cifra que irá aumentando a medida que avance la confrontación. Luto, dolor y pena, ropa negra, mucha ropa negra.
San Pedro Manrique. Foto: Josemi Lorenzo.
Otro ejemplo es la crónica que aparece en el avisador numantino de 28 de abril de 1923. 
"El jueves 19 del corriente se verificó en este pueblo, con la mayor solemnidad, la colocación de una lápida conmemorativa de las que la Junta Patriótica Provincial, dedica a las victimas que en África perdieron la vida en aras de la Patria.
Con la asistencia en pleno de los Ayuntamientos de Neguillas y de Coscurita (matriz) y vecindarios del primero de los pueblos integro, se descubrió la lápida en el atrio de la Iglesia parroquial, en la que consta el nombre de Teótisto Tarancón Garijo, soldado del Regimiento de León, número 38, que en la toma de Tazurut, zona de Larache, sucumbió heroicamente el día 28 de Abril próximo pasado.
El acto resultó conmovedor por demás brotando lagrimas de los concurrentes, al recordar las dotes de inteligencia y honradez que adornaban al fallecido, muy querido entre sus convecinos. 
Con la elocuencia que lo distingue hablo el señor Cura párroco de Escobosa de Almazán, en tonos elevadísimos acerca de los deberes que todos tenemos para con la madre Patria.Desde estas columnas enviamos nuestro pésame a los padres y familiares del pobre soldado muerto en cumplimiento de su obligación. AMAROZ. Neguillas 22-4-23"
Neguillas.
Más muertes, más placas, notas en la prensa soriana, actos en la capital y los pueblos. Y más ropa negra.
Peroniel del Campo. Foto: Josemi Lorenzo.
En la visita que el jefe del Gobierno, General Primo de Rivera realizó a Soria, en agosto de 1927,  también descubre una lápida. Terminada la sesión en la Diputación Provincial, el Jefe del Gobierno, y su comitiva se situó frente al atrio de la Iglesia de San Juan para descubrir una lápida, costeada por la Junta Patriótica, en honor del soldado Venancio Domínguez López, muerto gloriosamente el 13 de septiembre de 1925.

En la Junta Patriótica Soriana existía una subcomisión de propaganda. En las fiestas de agosto de 1921, celebradas en Burgo de Osma, se recaudó una importante cantidad en metálico, pero los fondos recaudados no los administró la Junta provincial. Así lo recordaba la prensa provincial, cuando falleció un soldado de esta localidad, el Porvenir Castellano en febrero de 1922.
“A doña Rosario Pardo, residente en el Burgo de Osma, se le entregarán 125 pesetas. Esta desventurada madre llora en estos momentos la desaparición de su hijo en Monte Arruit artillero Alejandro Lorenzo Pardo.
Ya puede ir viendo el vecindario del Burgo de Osma como a pesar de no haber remitido aquel Ayuntamiento ni una sola peseta para engrosar la Junta Patriótica, esta simpática corporación atiende a los hijos de aquella villa con el mismo cariño que a los demás soldados provincianos.   
Decimos que es el Burgo de Osma el que no ha querido apoyar económicamente a esta Junta Patriótica y tenemos que hacer una observación. 
El honrado vecindario de su agregado Barcebalejo contribuyó brillantemente a tan humanitarios fines, remitiéndonos, a nosotros mismos, el producto de la suscripción”.
Peroniel del Campo. Foto: Josemi Lorenzo.
Las otras placas en las iglesias, una opinión personal. Dionisio Ridruejo Jiménez había nacido en la Villa del Burgo de Osma (Soria) en mil novecientos doce, con ascendencia en Tierras Altas: El Collado y San Andrés de San Pedro.
En 1938  fue nombrado jefe nacional de Propaganda, era conocedor sin duda, de las placas-lápidas de la guerra de África en la provincia. Circunstancia que pudo influirle en la orden por él firmada, de poner las placas de la guerra civil. Marketing y propaganda. Las placas comienzan a colocarse en la zona bajo el mandato franquista, cuando la jefatura del Estado, Francisco Franco, en noviembre de 1938, declara día de luto nacional el 20 de noviembre de cada año, por la muerte de José Antonio Primo de Rivera. El artículo segundo del decreto dice: “Previo acuerdo con las autoridades eclesiásticas, en los muros de cada Parroquia figurará una inscripción que contenga los nombres de sus Caídos, ya en la presente Cruzada, ya victimas de la revolución marxista”.
En Casi unas memorias. Dionisio Ridruejo nos dice:“Fue una decisión de la Junta Política de Falange. Al nombre del jefe debían seguir los de los vecinos de cada localidad muertos en acción de guerra. Era la imitación de algo que ya se había hecho en Francia después del 18. Sí, pero aquello era una guerra internacional y los muertos eran todos franceses. Aquí la cosa resultaría, más pronto o más tarde, cuestión litigiosa y memoria agresiva. Pero como yo tengo la costumbre de confesar mis culpas, no omitiré el dato de que la orden para que aquella medida se cumpliese fue firmada por mí. Así es la vida”.

Ignorancia generalizada de este periodo histórico, sangrienta y olvidada guerra del Rif. Sólo han pasado tres o cuatro generaciones y el luto de la sociedad fue sustituido por otro luto. Militares sublevados contra la Segunda República y guerra incivil.
Fuentelfresno. Foto: Josemi Lorenzo.

Recorriendo los pueblos de la provincia de Soria algunas veces, en los lugares de la fe católica, se ven unas placas. No me refiero a las placas de la guerra civil, que también las hay. Caídos por Dios y por la patria. ¡Presentes!. José Antonio Primo de Rivera y los nombres de un bando, en una guerra entre hermanos. Hablo de otras lápidas, que solo las podemos ver en la provincia de Soria. Letras que son nombres, recuerdo de la muerte. Muertes de jóvenes de la provincia, la mayoría soldados, en otra  guerra. Apenas quince años antes, en la Guerra del Rif o Segunda Guerra de Marruecos, años de la segunda década del siglo pasado.
Letras en rojo en los frontones: “Vivan los Quintos”, quizás los de 1919, 1920, 1921 ó 1922, en su momento uno de cada cinco, ahora todos sorteables. Poderoso caballero, “Soldados de cuota” con tiempo reducido de estancia y eligiendo unidad, “soldados de reemplazo obligatorio”. Ese año cumplieron los 19, se inscribieron en el ayuntamiento de nacimiento y “aptos para el servicio”. “Sorteo de reclutas”, suerte esquiva en el destino, África: Larache, Melilla o Ceuta, e incorporación año siguiente de entrar en la caja de reclutas. Una frase lapidaria: “Cuando vayas a la mili te harás un hombre”, pero lágrimas en el que se va y lágrimas del que se queda. Reclutas con instrucción básica acelerada y a destino definitivo. Anónimos y humildes soldados, carne de cañón. Coplas en la memoria colectiva del pueblo, “Melilla ya no es Melilla/ Melilla es un matadero/ donde van los españoles/a morir como corderos”.
Aldehuela de Periañez.
En el año de 1921 Abd-el Krim, político y líder militar rifeño, ataca las líneas defensivas españolas. Igueriben se encuentra sitiado, el general Silvestre sale de Melilla con el grueso del ejército para ayudarles. Igueriben cae entre el 21 y 22 de julio y Silvestre se acuartela en el campamento de Annual. El 22 de julio se retira a posiciones con mejor defensa. Marcha dirección Melilla, pero los rifeños entraron en el campamento y asesinaron a los españoles que encontraron a su paso, más de 10.000 muertos. Es el “Desastre de Annual”. Le sigue tiempos de guerra. Hasta que llegó el año de 1925 en que, tras el Desembarco de Alhucemas y con la ayuda francesa, se ponía fin de la guerra de Marruecos. Obteniendo la pacificación definitiva y restituyendo la autoridad española en el Protectorado. El 12 de julio de 1927 Orden del Día del General Sanjurjo; “Se ha dado fin a la campaña de Marruercos”. 
Soldados muertos, soldados desaparecidos, soldados prisioneros y soldados en hospitales: heridos en campaña o enfermos, principalmente de paludismo. Correspondencia con tristes noticias de las tierras del Protectorado. 
Quintanas Rubias de Abajo.
En agosto de 1921, el Gobernador civil de Soria convoca a las representaciones oficiales y sociales de la capital a fin de constituir la Junta Patriótica Provincial, el objetivo reunir recursos con destino a los soldados de la provincia, que luchan en África. Se constituye la Junta, comisión ejecutiva y subcomisiones. La Comisión ejecutiva celebrará sesión los sábados, con el número de vocales que concurran, siendo válidas las decisiones que se adopten aun cuando no concurran la mayoría de los miembros de la institución. De todos los donativos que se reciban, se dará una nota general a los periódicos locales para su publicación por semanas o cuando la junta lo estime oportuno.
Se partía de la experiencia de la Junta anterior, formada tras la Guerra de Melilla de 1909, con la derrota militar de las tropas españolas en las vaguadas del Monte Gurugú y el desastre del Barranco del Lobo. Reales de los pudientes a las arcas del Estado, de las clases altas y adineradas para no ir a la guerra: “Redención a metálico o Sustitución”. En febrero de 1911 se da por terminada la ya larga gestión de la Junta Patriótica provincial  y  se acuerda su disolución. La Junta acordó también, que el remanente de fondos se invierta en valores de la Deuda perpetua interior al 4 por ciento. Dicho capital se depositará en el Banco de España a nombre de la Excma. Diputación Provincial de Soria, para que sirva de primera partida, si llegara el caso de abrir nueva suscripción con motivo de guerra y con destino a soldados hijos de esta provincia. Y llegó. Los intereses que devenguen los citados valores, se destinarán anualmente y en las fechas que designe la Corporación Provincial,  a premiar el trabajo y la abnegación, ejercidos por hijos de Soria y su provincia, de ambos sexos, en dos premios de igual cantidad.
Propaganda y beneficencia. Interiorización del problema en el pueblo e implicación social en la causa. Agasajo a los mozos en su partida, aguinaldo del soldado, madrinas de guerra, mantas en la estación de Torralba, la Cruz Roja y su junta de Damas,.....
Para aumentar la recaudación de la suscripción abierta para socorrer a nuestros soldados en África: donativos de los Ayuntamientos y vecinos de los pueblos, donativos de los pudientes, donativos recogidos en fiestas patronales, veladas de teatro, tómbola, proyecciones de cine, una corrida patriótica en San Saturio, concierto musical ejecutado por la banda militar, donativo de la Sociedad de Zapateros de Soria, donativo del Circulo Amistad,…... La Entidad soriano aragonesa ha organizado a cargo del cuadro artístico de Numancia una velada teatral, los beneficios para la Junta Patriótica.
Y sangre joven, roja sangre de soldados pobres en las arenas africanas. 
Omeñaca. Foto Marcos García Barranco.
Socorros para los repatriados, bien heridos o enfermos, la Junta Patriótica exclusivamente socorre a los soldados y a las familias de los mismos que acreditan disponer de humildes recursos económicos. Circular firmada por el Gobernador-Presidente. Luis Posada Llera. “A todos los señores alcaldes de esta provincia, rogándoles como amigo y ordenándolas como autoridad, que tan pronto tengan conocimiento de haber llegado a las respectivas demarcaciones municipales un repatriado de África, herido o enfermo, y de familia pobre, lo ponga en mi conocimiento, con los datos referentes a su filiación militar y acompañando certificación médica del estado de su salud e informe de pobreza, suscrito por los señores Alcalde, párroco, y Juez municipal, todo ello en papel común simple, sin reintegro alguno". Donativo de 25 pesetas y pensión diaria de 1, 50 hasta que termine la licencia para restablecerse de enfermedades o o heridas.
Socorros para desaparecidos o fallecidos, "igualmente me lo participarán para ponerlo a su vez en conocimiento de la Junta, con el documento oficial o privado en que conste la noticia del fallecimiento o desaparición, si no fuera posible, en caso de muerte la certificación de defunción, e informando igualmente respecto a la pobreza de los padres, abuelos o parientes en cuya compañía viviera el fallecido".
Reznos.
Para los desaparecidos, socorro de 125 pesetas a los soldados desaparecidos y que se les supone muertos. A propuesta de don Luis Posada, y en consonancia con la real orden del ministerio de Gracia y Justicia de 24 de febrero de 1923 último, en la que se dicta, que a los desaparecidos de la campaña, cuando los tristes acontecimientos de Julio de 1921, se les dé ya como fallecidos en las inscripciones del registro civil, cuya solicitud puede hacerse a petición de cualquier interesado, se pueda por esta Junta con la aprobación correspondiente, entregar la otra mitad de las 250 pesetas acordadas, teniendo ya percibidas cada familia de soldado desaparecido las 125 primeras.
Para los fallecidos propone el Sr. Presidente, que en iguales condiciones que se otorgaron donativos a las familias de los soldados muertos en la campaña de 1909, se concedan en la ocasión presente a los padres, madres o familiares ascendientes, en cuya compañía hubieran vivido, los que han sacrificado su vida por la Patria. Se determinarán exactamente las condiciones necesarias para recibir el donativo, que será de 250 pesetas. Exige la Junta, naturalmente, testigos veraces, oficiales o particulares, que confirmen la muerte de los malogrados soldados sorianos, absteniéndose de tributar homenajes fúnebres a los individuos que figuran como desaparecidos hasta que no se modifique esta clasificación por medio de datos irrecusables.
Fuentelpuerco, actual Fuente Tovar. Foto: Marcos García Barranco.
En la provincia de Soria, en la sesión de 28 de enero de 1922, la Junta Provincial de Socorros, acuerda por unanimidad y la llevará a la práctica enseguida, una proposición digna de loa. Es digna de alabanza, y así se la estimó la Junta, como la estimarán los buenos ciudadanos, la proposición del vocal de la Patriótica, M. Raoul Otlet. dice que por cuenta de la Junta Patriótica debe adquirirse una gran placa con el nombre de cada soldado soriano muerto en campaña, para que en las iglesias de sus respectivos pueblos sean colocadas y sirvan de perpetuo recuerdo. Las placas llevarán además la fecha de fallecimiento de cada soldado y cuantos detalles se consideren necesarios. Con este motivo, en los respectivos pueblos se celebrarán los actos que sus ayuntamientos estimen, el día de la colocación de las lápidas.
No establece diferencias sociales, ni nivel económico, para enaltecer los méritos de los que cayeron en el campo de batalla, conmemorando su sacrificio por medio de lápidas que se fijarán en los templos. 
Aldealpozo. Foto: Josemi Lorenzo.
Las primeras lápidas. En junio de 1922 a petición de la Junta , el Ilmo. Sr. Obispo de Osma no ve inconveniente para que en las iglesias de su diócesis sean colocadas las placas de los soldados muertos en campaña, en igual sentido se pronuncian los obispos de Calahorra y Tarazona. También ve con simpatía y recomendará a los párrocos, el acuerdo de la Junta, de celebrar con un funeral el primer aniversario por los muertos de cuando el desastre de julio. Gestiones para que se celebren en todos los pueblos de la provincia, misas de funeral por los soldados muertos en campaña, deseando que la fecha coincida con la de los sucesos de julio, del año anterior y con la colocación de las placas.
Luego más muertes de soldados y nuevas placas en sus iglesias. 
Fuentelpuerco, actual Fuente Tovar. Foto: Marcos García Barranco.
Distintas palabras para un mismo hecho, la muerte. “Murió por la patria en la campaña de África”. “Muerto heroicamente por la patria en la campaña de África”. “Muerto gloriosamente por la patria en la campaña de África”. Otros héroes, soldados laureados, y alguna placa en la calle de su pueblo.
Almajano. Foto: Marcos García Barranco.
A veces entre las ruinas de iglesias caídas, en las paredes de los cementerios, en ocasiones en los muros exteriores e interiores de las iglesias, y otras desaparecidas o quizás expoliadas, placas-lápidas de homenaje en el recuerdo.
Una tarde de crucifixión y muerte. Verde amarillento en los campos de cereal,  ansiosos de ese sol que se resiste. El agua persistente ha empapado la sementera, en este marzo lluvioso y también ventoso. Es Semana Santa.
Andando por el camino, la vara en la mano y los pasos lentos, intentando hallar justificación a lo injustificable. Amigo Chuchi, parecemos zahorís aficionados. Ladridos de perros en la lejanía, nubes negras y en la balsa, con abundante agua, el reflejo de la torre medieval.
Bajo el arco de la puerta del atrio, de la iglesia restaurada de Santo Domingo el de Silos, ésa en la que no están las armas de los Hurtado de Mendoza, estaban ellas. Esa joven que los ochenta ya había cumplido, lazos de consanguinidad y amistad le acompañan, en esta tarde atípica de primavera.
Sois de aquí, preguntan.
.- No, pero como si lo fuéramos..
Nos podéis indicar el camino para ir al lavadero. Hemos leído que hace un tiempo habían robado unas pilas y queremos verlo.
.- Por supuesto y si queréis os podemos acompañar.
Estaríamos encantadas.
.- Queréis ver la fragua y el horno.
Claro  que sí.
La fragua y el horno restaurados por la Asociación, lo del común que perdure para las nuevas generaciones. El horno que se enciende una vez al año, pollos, costillares y repostería, y este año en la mesa tres comensales más.
Los rayos de sol se proyectan en las pilas del lavadero de Señuela. Iluminan las que no fueron usurpadas, en una noche negra. Al abrigo de las paredes, junto al brocal, amena charla y recuerdos, recuerdos de un pasado muy presente. 
En la mano el café humeante, a la luz de la carrasca que lentamente se consume. Esas manos, en posición de bendecir, que lentamente se calientan y esas direcciones que sobre una hoja de papel se escriben. 
Recibí un paquete por correo, un regalo. En el remite Sastre de Ruiz, en otros tiempos Ruiz de Sastre, tanto monta. Tiempos de caminos en la posguerra tardía. Es la palabra dada que, para algunos, tiene aún más valor que la rúbrica en los papeles. El apretón de manos más respetado que la firma sobre el papel.
Maya, es el título. A María dedicado. Prologo Julián Marías. Año 1987. Y pronto lo leí. Villar, pueblo antiguo, planta amarilla y blanca de prados, juego de muchachos, árbol y canciones, hermosa muchacha,...
Con el tiempo se olvidan los objetos y las palabras, o mejor dicho se encuentran adormecidas en el baúl de los recuerdos. Ese baúl que nuestra generación enterrará como cofre con tesoro. Recordar es volver a vivir y recordé.
Herrada, expremijo, trébede, jofaina, tarriza, alcuza, mayal, vasar, angarilla, albarda, cincha, cantarero, colodras, puerta talanquera, picar el dalle, uncen y desuncen las yuntas, .….
El patrimonio, el patrimonio con mayúsculas y minúsculas, el rico legado de nuestros mayores, no importa en la sociedad de la inmediatez y el dinero.
Solamente Emilio decirte que ahora somos menos los sorianos que vivimos en la provincia. Hemos abandonado nuestros pueblos, damos la espalda al medio rural, a la madre tierra. Estamos cada vez más envejecidos, los proyectos de vida de nuestros hijos, bien formados, no tienen cabida en esta provincia marginada.
Nuevas tecnologías y juventud por ti soñadas, son quimeras en la actualidad. Comentarte que la sostenibilidad que defendiste, no se entendió. Bueno los intereses, el dinero, el poderoso caballero, no la entendieron.
No hacemos Mesta, ya no se firman aparcerías. Tenemos parques eólicos en las sierras donde las merinas pastaban en verano y un potente sector primario. Multinacionales de la riqueza. Manzanas, productos naturales y rosas, y raquíticos sueldos de sobre vivencia. Las granjas de cerdos proliferan, macro-granja de vacas se proyecta, en este nuestro desierto que es la provincia de Soria.
Tenemos unas cúpulas que ascienden al cielo, cerca de la ciudad celtíbera, camino de Maya. Es la sombra del ladrillo, la sombra alargada del poder. Y tenemos polígonos industriales vacíos y tenemos ruinas, muchas ruinas.
Pero qué te voy a contar si todo esto tú ya lo sabías hace muchos años. Si luchaste por revertirlo. Todo lo que no mejora empeora, Emilio Ruiz.
“Pochi” como bien sabes los sorianos somos parcos en palabras, solamente gracias.