La Iglesia de San Bartolomé de La Barbolla (SO). Lista roja de los sentimientos.

Es la iglesia de San Bartolomé una niña bonita, rural y armoniosa para algunos. Una vez más venimos a contemplarte. Sentimientos y patrimonio nos atraen, pero que mala suerte la tuya. Te construyeron a finales del XII, San Bartolomé Apóstol, joya del románica rural soriano.
Comenzaste con tu enfermedad cuando los que allí habitaban dieron dos vueltas a las cerraduras de sus casas. El éxodo rural, proyectos de vida en busca de progreso.  
Y tuviste diagnóstico.
Una crónica en El Mundo-Diario de Soria del lunes 16 de junio de 2008, cuyo titular decía: "El Obispado actuará de urgencia para consolidar la ermita de La Barbolla". El Ayuntamiento de Quintana Redonda criticó <el abandono absoluto> de este templo hasta ahora. Y así comenzaba el artículo de J. SOLÉ: “El Obispado de Osma-Soria actuará de urgencia para consolidar los restos de la ermita de La Barbolla y detener así el deterioro que padece.
Y no te trataron.
El tiempo pasó y la esperanza volvió otra vez para ti.
Soria Románica invertirá 900.000 euros durante 2011, parte en la iglesia de San Bartolomé de la Barbolla, era el propósito. Mucho se hizo y mucho quedó por hacer con este Proyecto Cultural. En el olvido quedó “Soria Románica” y la actuación de restaurar la cubierta. Culpables hubo, de conciencia olvidadiza 
Y tampoco te trataron.
La enfermedad avanzó y avanza, mientras todos miraban y miran a otro lado. El deterioro experimentado en este largo tiempo nos lleva a una conclusión: si no se toman medidas urgentes para su conservación se perderá para siempre. 


La sacristía caída, el campanario en ruinas, su pórtico de acceso en equilibrio y sobre todo la pared trasera cayéndose con el agua entrando a las maderas. Su final está cerca.


Y dentro sus tres retablos. El mayor y los colaterales del maestro y tallista Forcada realizados en los años 1765 y 1789.
En la pared aún cuelgan los exvotos de la fe, al Santo Cristo de la Piedad. Cristo venerado en la comarca. Cristo viajero, a veces a la vecina Fuentaldea, en novena de fe por la escasez de agua. Ahora estás en la capital junto a la santa de la torre con tres ventanas.
Iglesia con antigua cofradía la del “Dulcísimo nombre de Jesús”. Y arcón de madera año 1891 para la cera de la “Del niño Jesús” y la “Santa Veracruz”.
Bancos de madera, tumbas en su suelo y sus pilas. La de agua bendita a la entrada, sin agua bendecida, y la pila bautismal con la concha para el sacramento.
Bautizos, bodas y misas. Misas alegres y de réquiem. San Bartolomé Apóstol, venerado por el vecindario. Sus fiestas, en honor al Santo Cristo, en septiembre con el grano recogido. El tejadillo que protege tu fachada, apoyado sobre dos pilastras de madera, poco aguantará. También dos columnas de madera colocaron tus ancestros para sujetar los capiteles de tu portada. Cruces de madera en tierra sagrada. Pienso en los fieles del señor, en los nacidos allí y sus descendientes, y los amigos.  
Veo cómo crece el árbol a través del tejado de la sacristía derruida, una gran lápida de piedra olvidada e ignorada y ese ábside con canecillos que nos miran. A la mente vienen párrocos de almas y de otras cosas.
Junto al crismón de la clave que no llego a distinguir, existen convenios. Diputación y Obispado, conservación y restauración.
Cinco arquivoltas de medio punto y unas caras difusas, me acuerdo de patrimonio de la Junta de Castilla y León.    
Las piedras caídas de su pared lateral y la viga de madera ennegrecida. Poco tiempo aguantará, tal vez recursos municipales para patrimonio.    
Y el tiempo pasó, pasó y pasó. Este Covid que afecta a nuestro patrimonio, este jodido covid que todos consentimos sin tomar medidas. Esa vacuna que no llega. Los que te admiran esperan una solución urgente para ti.


    
 













0 comentarios:

Publicar un comentario