Ruinas del convento de San Pedro el Viejo. San Pedro Manrique.

Allí está, allí vemos sus ruinas. San Pedro el Viejo, le llaman. Hemos salido de San Pedro Manrique por la carretera SO 630, dirección Magaña. Pasamos el puente sobre el mermado Linares y aparcamos el coche. Al lado de la carretera, por fin asfaltada, que nos llevaría a Sarnago, el pueblo de la ilusión y el esfuerzo, sale el camino. Ascendemos por la senda empinada, una alambrada para marcar la propiedad privada, y una puerta. Abrimos la cancela, para continuar y llegamos a la colina del olvido.

Eligieron una posición estratégica, lógicamente, en el cerro lo construyeron. Dominando todo el contorno de alrededor. Los montes, ahora sierras peladas y sierras de pinos. Abajo el fértil valle y la  dehesa boyal con pastos comunales, ahora vacas careadas.
Soportando la agonía del tiempo se encuentra. Resistiendo a la desidia, de los poderes públicos por el patrimonio.


En la ladera encontramos una cantera. a cielo abierto, de losas calizas. Poco apoco, se va comiendo la montaña. Piedras en pales, apiladas para su venta. De aquí quizás salieron, parte de las piedras llevadas arriba, a la loma. Lajas características de esta zona, fueron colocadas, hace muchos siglos, con maestría. Otras piedras de distinta cantera, más nobles también se emplearon. 
Hoy piedras caídas y ruinas, ven tus ojos. Los mejores sillares y las columnas, robadas. Expolio consentido, reutilización en las casas de los pudientes. 

Sobre una loma cercana se divisan los Casares. Yacimiento arqueológico celtíbero, que perduro en  la época imperial romana. Eduardo Alfaro realiza allí, su excavación. 
Quizás cuando pasen algunas, pocas generaciones, se vean arqueólogos y equipos excavando sobre  la tierra que hoy pisamos.
Intentando definir sus orígenes. Si inicialmente fue una torre de vigilancia y defensa, una atalaya en Tierras Altas.
Si fue monasterio fortificado, a finales del XII y siglos posteriormente. Su relación con el Cister, su relación con con el Monasterio de Fiero.

Si los templarios, aquellos los monjes guerreros, fueron sus dueños. Si dejaron sus huellas y mensajes, en el ábside. En las pinturas rojas que se intuyen, pinturas que el tiempo borró.    

Dos estructuras aún podemos distinguir. Manteniendo el equilibrio está, la torre cuadrangular con sus vanos, la planta de la iglesia de tres naves y los restos de un pequeño monasterio. Dos estructuras que pronto solo quedaran en la memoria.  

Tómas Osácar,en el avisador numantino de 18 de mayo de 1902, nos dice: “Cuenta la tradición que fue convento de Templarios; lo que sabemos es, por buenas referencias, que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, del convento de Fitero (Navarra) venían frailes a este monasterio a pasar el noviciado”.
La tranquilidad y el sosiego, se rompe por el sonido del viento. En la desolación, otros sonidos y silencios. Piedras y solo piedras, son para algunos. Y enfrente en la lejanía más piedras y más ruinas.
La silueta de la fortaleza medieval, las torres del castillo de los Manrique del siglo XV, y junto a las cruces en tierra sagrada y el cementerio civil, otras ruinas. Las de la iglesia románica de San Miguel, otra más en la lista roja Hispania Nostra, si solo son piedras del siglo XIII.

El sol ya se está escondiendo, el negror de la noche se cierne sobre estas tierras. Amanecerá y quizás lleguen tiempos de esperanza. 


4 comentarios:

  1. Como siempre Cándido, precioso tu relato de este antiguo convento que por las fotos tiene bastante que admirar. Con tus palabras he podido subir hasta estos restos y sentir las maravillas que se esconden por estas Tierras Altas un tanto olvidadas pero que a mi y a muchos nos encantan.
    Carmen Lorenzo.

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    1. Gracias por tus palabras. Duele el abandono de estas Tierras Altas, que atraen y enamoran. Es duro el caminar.

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  2. Lugar donde los que gustan de viajar en el tiempo encuentran alimento para su imaginación!..una maravilla que poco a poco pierde su figura, y con este hecho la zona perderá un símbolo de su identidad!,,una pena,un canto a una forma de tratar el patrimonio...otro de muchos más...muchas gracias Cándido por mostrar estos lugares!

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    1. Gracias por tu comentario. Has nombrado el destino final, la pérdida de un símbolo, el adiós a parte de la identidad de una zona. Yo no soy optimista. Quizás si estuvieran en otro lugar, se consolidarían. Si no hubiera desprecio al patrimonio, se pondrían en valor. Tal vez si no fuera en Tierras Altas, existiría un plan de recuperación. Seguro que sí.

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