Ruta por las Tierras Altas sorianas, con juventud.

Es un día caluroso de diciembre, el cambio climático ya está aquí, llegó y por desgracia para quedarse. Nos vamos de ruta a la Sierra soriana. Hoy será un día diferente, vamos acompañados de juventud.
Lo primero de todo, os presentaré la sierra. Contemplad el paisaje y el azulado cielo. Observad las cumbres, ahora pardas, salpicadas de la nueva riqueza: aerogeneradores. Sabed que estas tierras, han sido ganaderas durante muchos siglos. Hace décadas que desapareció su única riqueza, los rebaños de merinas. El color pardo se transformará, en verde esperanza. Finos pastos para el agostadero -cinco meses al año- de los rebaños viajeros. Este terreno y el clima, por más que quieran, es inapropiado para el cereal. Pueblos de pastores trashumantes, cañadas de paso libre y montes comunales.

Desde las cumbres de la sierra, se ven los pueblos aislados. Es el mundo rural abandonado. Dura vida en el pasado. Siete meses de ausencia -rebaños a Extremadura y Andalucía- mientras en los pueblos solo quedaban mujeres, niños y ancianos. Sabed que aquí hubo un intercambio cultural enriquecedor, una globalización interior. Los habitantes de estas tierras, con la trashumancia y los “cagarruches” o “cagarraches” trabajando en los molinos de aceituna, la propiciaron. Llegó la decadencia y vino la emigración. Los pueblos se vaciaron. Ahora soledad y ruinas, sobre las lágrimas de las despedidas.
Vamos ahora, a conocer un pueblo, al que yo le tengo un cariño especial: Las Fuentes de San Pedro. Llegamos por un camino sin asfaltar, promesas que se lleva el viento. El trasformador de la luz, porque la luz llegó. Veremos ruinas. Decadencia y desolación, en otro pueblo de la Sierra. Sus casas de piedra, preciosas, hoy con las puertas abiertas.


Pasearemos en silencio por sus calles. Su plaza, bella plaza, donde aún se podan los frutales, como símbolo de esperanza. Su escuela adosada a la iglesia, el ayuntamiento y la casa del maestro, el pilón y la fuente. ¿Qué queda de su iglesia? Allí están sus ruinas, patrimonio religioso expoliado, que no sale en los medios. Es "pequeño" para algunos, pero con gran valor sentimental para otros. Elementos protegidos, pero solamente sobre el papel, un papel mojado.
Adiós sabiduría popular de trasmisión oral. Romances, cuentos, leyendas y tradiciones. Danzas, canciones, villancicos y fiestas populares. Sonidos de dulzainas y tamboril. Ahora el sonido del viento. Os diré que gente joven como vosotras, han plasmado con una cámara, una realidad que ya está desaparecida.
¿No se podían recuperar estos edificios, del común y del esfuerzo, de albergues? Un lugar de encuentro, para aquellos que vuelven a los orígenes o esos otros que los visitan, atraídos por la desolación.
Caminemos por la senda, vamos a otro pueblo: Valdenegrillos. Iremos a saludar a una persona. A darnos la bienvenida, se acercó el fiel guardián, un mastín. Un lenguaje olvidado se escuchó, en las cumbres de la sierra. Palabras adormecidas, que ahora comienzan a brotar: hacer Mesta, rabadán, zagal, aprisco, chozo, hato, colodra, careas, carlancas, moruecos, cañadas, cordeles, descansaderos, ...

Quiero que la conozcáis y echéis un rato con ella. Sale humo de la chimenea, la única encendida. Después de entregarle los presentes, escuchad y compartid.
La memoria de la gente y de los pueblos que se marchita. No es lo mismo leerlo, que vivirlo.
¿Qué queda de aquella forma de vida? ¿Se puede recuperar el tiempo perdido? ¿Hay futuro? Y otra iglesia en ruinas, hasta en ésto de conservar el patrimonio, se nos marginó.
 Es la hora de reponer fuerzas, dejando que la mente sueñe, mientras escuchamos el sonido del agua.
Y ya de vuelta, paradojas del destino, paramos a coger níscalos y negrillas. Se expropió el terreno, para plantar pinos. Fue el último suspiro, para muchos de estos pueblos.
Un placer veros, ayudando a ese corazón, que quiere seguir latiendo. Con la España vaciada, junto a la diáspora, cerca de los leones. Allí donde debe de estar la voz del pueblo. Donde un plan consensuado debería producirse.
Cualquier tiempo pasado, fue distinto. Juzgarnos a nosotros, a nuestra generación. Juzgar a las administraciones, a todas las administraciones ciegas. Se acaba el día y comienza la noche del tiempo.





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