Patrimonio olvidado. Hornos de poya.

En las dos entradas anteriores he hablado del proceso de elaboración del pan y de los hornos familiares. En ésta me referiré a otros hornos, los colectivos de pan cocer.
Villaseca de Arciel.
En la mayoría de los pueblos de la provincia de Soria había horno u hornos comunales. Tanto el terreno donde estaban construidos como el propio edificio eran del común. El pueblo es su propietario. Era el horno, junto con el lavadero público y el trasmocho, lugar de sociabilidad femenina. Frases alegres, palabras tristes y noticias.
La población determinaba el tamaño y el número. En ocasiones, en pueblos con dos barrios tenían uno para cada uno de ellos. Como ejemplos: Matasejún o Magaña.
Matasejún.
Suelen ser pequeños edificios, construidos empleando los recursos materiales de la zona donde se ubicaban. En ocasiones tenían un anexo llamado amasandería, que era una pequeña construcción donde se amasaba el pan.
Torrubia.
En su interior encontramos el horno semicircular, una campana-chimenea para la salida del humo, una pila de agua donde se apagaban las “barbas” después de limpiarlo y bancos o poyos de piedra o de madera para dejar las hogazas. En una esquina se amontonaba la ceniza de la limpieza de los distintos encendidos. Del cenicero se cogía y se utilizaba para echar a ajos y cebollas, y así prevenir las enfermedades por hongos.
Las paredes del horno de cocer son de adobe, barro y paja molida, resistentes al calor. El suelo es del mismo material, de baldosas-losas apoyadas en ceniza o sirle de oveja. La “boca” rectangular, estaba formada normalmente, por cuatro piedras. Se cierra con una puerta o plancha para conservar el calor. El momento para introducir la cocción era cuando la bóveda se ponía blanca o una de las piedras de la boca adquiría este color.



Solían estar separados de otros edificios, sin duda por temor a los incendios y su propagación. Incendios que en ocasiones se producían. Toque de campanas y voces de ¡fuego!, ¡fuego!, en el aire. 
Unos ejemplos. Avisador Numantino de 1 de agosto de 1897. “El 28 del actual se incendió el horno de pan cocer del pueblo de Barcones, quedando reducido a ceniza y suponiéndose que fuera casual”. Tierra Soriana 11 de noviembre de 1907. “En Fuentelmonge se inició un incendio que destruyó el único horno de pan cocer que existe en el pueblo. Se considera casual el siniestro, calculándose en 200 pesetas las pérdidas”. Conquezuela. 1904. Incendio en el horno del pueblo reducido a cenizas.
Los vecinos, mejor dicho las vecinas eran quienes se encargaban de elaborar y cocer su propio pan. La utilización de estos “Hornos de pan cocer” se hacía por adra, así se determinaban los turnos. La hornija, almacenada en los hornijales, era el combustible empleado para calentarlo. Leña menuda, gavillas de aliagas o espinos, estepa o jara, turra, ramas de encina o roble, etc.
En muchos pueblos, mediante subasta, se arrendaban estos hornos para su explotación. Los beneficios que con ello se obtenían incrementaban las arcas municipales. Son los llamados “Hornos de Poya”. Surge la figura del hornero, el encargado de templar el horno y cocer el pan. La poya era la contraprestación que se le abonaba. El pago por su trabajo. Podía ser en especie, una cantidad de masa o un número de hogazas, o en dinero.
Yelo.
Avisador numantino 26 de noviembre de 1932. Vacante. Se halla vacante el servicio de hornero del horno de poya de este pueblo, siendo de cuenta del que solicite el servicio, la provisión de leñas. Se advierte al que tenga interés en el asunto, que produce un promedio anual de ingresos de 140 fanegas de pan. Dirigirse por término de diez días al señor Alcalde, a contar desde su inserción en el Avisador numantino. Yelo 16 de noviembre de 1932. El alcalde, P. O. Gil Egido. 
Yelo.
Durante mucho tiempo en el boletín oficial de la provincia de Soria, previa autorización primero del Gobernador civil y después por la Excelentísima Diputación (Ley municipal de 1870, artículos 67 y 70) aparecen los anuncios para su arrendamiento. Son arrendamientos en pública subasta para su explotación, con las condiciones del pliego expuestas en los ayuntamientos.
Boletín oficial de la provincia de Soria 7 de diciembre de 1860. Autorizado el Ayuntamiento de Peñalcázar por el Sr. Gobernador civil de la provincia, saca a pública subasta el arriendo del horno de poya perteneciente a los propios de dicho pueblo por término de un año, a contar desde 1º de enero próximo hasta igual día del año 1862; cuyo remate tendrá lugar a los quince días de la inserción de este anuncio en el Boletín oficial, y la puja de la décima a los ocho días siguientes al de su remate, bajo el pliego de condiciones que estará de manifiesto en el acto de remate. 
Peñalcázar.
Boletín oficial de la provincia de Soria 2 de mayo de 1873. El Ayuntamiento de Abión, en unión de la Junta Municipal, en sesión de 13 del corriente, tiene acordado el arrendamiento del horno de pan cocer de propios del mismo para el año económico de 1873 - 74, bajo el tipo de 287 pesetas 85 cénts. a que asciende el precio común del último quinquenio. El primer remate tendrá lugar el domingo próximo en que aparezca inserto este anuncio en el Boletín oficial de la provincia, y el segundo para la mejora del 10 por 100 a los ocho días siguientes del primero, bajo el plan de condiciones que estará de manifiesto en ambos remates y puedan enterarse de los que quieran. Abión, 18 de abril de 1873. El alcalde Apolonio Sanz.
Abión.
Haciendo un poco de historia vemos que a mediados del siglo XVIII y con motivo de la elaboración del Catastro del Marqués de la Ensenada, a la pregunta sobre las propiedades del común. Se responde: este lugar y su común tiene propios: tierras, dehesa boyal, casa para las juntas, fragua, pesquisas y rastrojeras, … y hornos de poya. 
Emilio Ruiz, pionero y admirado, en su estudio sobre estos hornos publicado en el año 2009 (Celtiberia Número 103) nos dice que, en la época de este Catastro en la provincia de Soria, había 33 hornos de poya incluidos los cinco de Soria.  
Es a partir de 1855, con las desamortizaciones de los bienes de los municipios, cuando los bienes propios pasaron a manos privadas. En el Boletín Oficial de Ventas de Bienes Nacionales de la Provincia de Soria encontramos la venta de alguno de ellos. Hornos adjudicados en subasta. Negocios de los pudientes, ya que permanecen poco tiempo en manos de sus compradores. Son adquisiciones para ser cedidas a terceros.
Un ejemplo ilustrativo serían las ventas durante el año 1860. Encontramos en abril, fincas urbanas segunda subasta por no haber tenido efecto el primer remate, por falta de licitadores, hornos de pan cocer de: Gómara, Cihuela, Reznos, de sus propios. En mayo anuncio de la venta de los de Morón, Torlengua, Velilla de los Ajos, Alentisque, Taroda, Valtueña, Chércoles, Maján (dos) y Soliedra. En agosto en Deza (dos), La Cueva y en diciembre los dos de Noviercas.

Estamos hablando del patrimonio del pueblo, de una arquitectura tradicional, de una obligación de conservación y trasmisión. Pero sólo son palabras. La realidad es que en nuestros pueblos apenas quedan vecinos, con el paso del tiempo estas dependencias municipales perdieron su utilidad, la realidad es que su conservación es una ilusión. Abandono, ruina y recuerdo, ahora lágrimas de sangre.
Pinilla del Olmo.

La Vega.
Junto a la pérdida de este patrimonio cultural rural, también se ha producido el olvido de un lenguaje. Palabras que se las llevó el viento para siempre. Múltiples nombres ahora en desuso: artesa, cedazos, cernir, maseras, palas, palillas, rasqueta, raedera (de hierro se empleaba para recoger la masa que se quedaba en la madera), rejadilla (palo largo terminado en un arco de hierro que se utilizaba para sacar las hogazas), panera, “barbas”(palo largo con trapos unidos en la punta, se utilizaba para limpiar el piso del horno), “pelleja” (para darle aceite a las hogazas y que así cogieran color).
Hay excepciones, algunos se han conservado y otros se han restaurado. Existe esfuerzo e ilusión, que son dignas de aplaudir. Ayuntamientos, vecinos y asociaciones, en ocasiones con subvenciones, lo han conseguido. Museos etnográficos y utilización esporádica en época estival.
Valloria.
Romanillos de Medinaceli.
Sé que no están todos, pero nombraré aquellos que yo conozco. Abión, Cerbón, Los Campos, Matasejún, Mezquetillas, Oncala, Romanillos de Medinaceli, Señuela, Torrubia, Valdeprado, Valloria, Valtajeros, Villaseca de Arciel y Yelo.
Oncala.

Alcubilla de las Peñas.

Valdeprado.

     

6 comentarios:

  1. Documentado, ilustrado, como todos tus trabajos. Nos están enseñando una Soria que fue extraordinaria. Gracias una vez más por acordarte de Emilio Ruiz, mi padre. En muchos de esos hornos que describes él estuvo, hubiera disfrutado estudiándolos contigo

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    1. “Y prácticamente todo un registro de actores del mundo rural, aspectos antropológicos y culturales que se van perdiendo irremediablemente, a medida que el tiempo se va llevando la memoria histórica, a la par que la esencia de nuestros pueblos. Un inmenso patrimonio inmaterial en trance de desaparecer”. Emilio Ruiz.

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  2. Muy interesante, como siempre.
    Gracias primo

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  3. hola Cándido!! me ha encantado tu artículo tan bien documentado con esas referencias de los periódicos y las fotos
    gracias a ti no se perderá

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