El Vallejo. Un pueblo en la memoria.


El sol se oculta tras el verdor de los pinos. Pardas colinas con pastos de verano en otros tiempos. A la entrada, ni indicador ni letras. El nombre de un pueblo en la memoria: El Vallejo.
En lo alto se distingue la espadaña de la iglesia. Huérfana de campanas, grandes ojos negros entre piedras.
Repique de campanas convocando a los oficios religiosos. Sombras en movimiento que parecen tomar vida. Por la cuesta una figura erguida portando el pendón, los cordones subastados del estandarte asidos por manos de la fe y la cruz procesional que le sigue. Unos monaguillos, con ropa de estreno, franquean al cura que dirige los cánticos. El pueblo, el pueblo detrás en procesión. 
En la nave central paredes desconchadas, ausencia de imágenes y retablos, andas carcomidas, pilas desaparecidas y las escaleras al coro en equilibrio. Cascotes por el suelo iluminados por la luz que penetra a través de los agujeros del tejado.
Plegarias y oraciones, palabras a su Dios implorando protección y agradecimiento por el agua bienhechora que para los campos llegó. Es día de fiesta mayor. Fiestas en honor de San Esteban, el patrón del pueblo. Es septiembre y la cosecha ya está recogida. Pastas y licores, también para los forasteros. Partidos de pelota en el frontón. Música de dulzaina, gaiteros del pueblo de apellido Jiménez. El sonido de los Fuegos artificiales de don Ángel Pérez. Partido de fútbol con los vecinos de Matasejún. Novillos de Donato Jiménez toreados. Bailes en la plaza de don Moisés Fernández, bailes hasta altas horas de la noche.
El juego de pelota, un porrón de vino disputado tras la misa o por la tarde. El público y sus palmas. Gritos de niños al salir de la escuela. Comba, balón, escondite y bote.
Se va echando la noche. La oscuridad avanza. Las tinieblas caen sobre el pequeño pueblo.
Zarzas y espinos se apoderan de sus calles empedradas, de la plaza y las eras, de carasoles, de los caminos, … Es la naturaleza recuperando lo que con tanto esfuerzo se tomó prestado. 

El cierzo sopla. Otra sombra que parece tomar vida. En el poyo de piedra descansa el abuelo, junto al garrote de avellano domado. Sedente forzado, las piernas cansadas reposando, el torso erguido y la cabeza. La cabeza cubierta con la boina negra capada, calada llegando a los primeros surcos. Mirando al suelo, con su vida y sus recuerdos. El alma, el silencio y el pasado. Ya no importa porqué fue, pero ocurrió.     

Noche negra en la sierra. Sonidos en movimiento que parecen tomar vida. Se escuchan a través de la pequeña ventana de la casa de piedra, entre el crepitar de la leña. Versos recitados al calor de una lumbre baja. Romances antiguos. Historias del pasado contadas pausadamente por la voz de la experiencia. Abrazos entre ascuas rojas, chasquidos monótonos y el humo que sale por la chimenea, asciende y desaparece.
La figura encorvada dando vueltas a la mies del esfuerzo. Las eras de pan llevar, empedradas. En las laderas bancales. El gruñido grave y entrecortado del cerdo en la matanza. Banco de madera y la abuela sujetando el caldero donde la sangre cae. La celebración familiar. 
En la memoria la escuela, en la memoria las maestras. Páginas del libro de la vida que se cerraron para siempre o ¿tal vez no?
El pueblo con vida. Las calles con gente. Sonidos y silencios. Los pastores con la punta de ovejas y agricultores del minifundio. Pueblos de los ancestros y familias que partieron.

Camino a la fuente y lavadero, pequeño como el pueblo. Risas de mujeres mientras hacen la colada. Grande el esfuerzo. En el contraste de los tonos el corazón palpita. Y más adelante piedras en las paredes.
El transformador de la luz, los fusibles y los cables. El trasnocho y los recuerdos. Un silencio deseado, la soledad y las piedras que hablan. Escucha, imagina y siente.
Errantes sombras negras. Una sensación de frío me recorre junto al pequeño cementerio de puerta derruida. La carrasca ha crecido con el rápido pasar de los años. Bajo sus ramas descansan algunas cruces inclinadas. Nombres y fechas difuminados. Almas en reposo. Sacrificio y lucha. Su pueblo y sus vidas.
El sol está saliendo, como sale siempre. Con las primeras luces recorro el pueblo. Esqueletos de piedra, mientras las losas corridas intentan proteger la madera carcomida. Piedras caídas, piedras expoliadas. Recuerda e imagina. Desolación. 

Cuando lo visites, cuando lo andes, piensa, respeta y admira. Son pueblos vivos para los que partieron. Allí quedó una parte muy importante de su corazón. Historias de vida, recuerdos del pasado, trasmitidos a los suyos. Son fechas exactas de una emigración forzada. Gentes que, durante siglos, buscaron la felicidad con lo poco que la naturaleza les daba.
Vuelvo la mirada sobre los pasos ya andados, un nombre en la memoria. Un pueblo mercancía de ideas y proyectos: El Vallejo. 
 
      



2 comentarios:

  1. Me parece un escrito hecho muy desde el corazón, desde el sentimiento, los recuerdos y el paso del tiempo.Y me gusta. Echamos la vista hacia atrás y es algo así como que mientras recordamos, siguen vivas, existiendo en alguien, las cosas, la gente, los sucesos...El punto de melancolía, el justo, porque desde mi humilde punto de vista y mi propio enfoque de las cosas, si nos proyectamos hacia atrás, podemos ir de cabeza a la añoranza de muchas cosas que ya no son ni están, y de rebote, también a terrenos de arenas movedizas.... La mirada desde el presente calibrado,enfocado, circular, desde el hoy, que permite ir hacia atrás y hacia adelante, con cierta moderación y reenfoque me parece un terreno sólido. El presente de estos lugares tan bellos que retratas debería de reivindicarse, denunciarse primero y hacer algo después donde toque para que no caiga en el olvido: la escritura es una buena vía inicial, porque menuda sangría humana y emocional se permitió, como me cuenta mi querido amigo Armando de Yanguas, o su hermano Alfredo, malvendiendo de cualquier manera lo poco que se tenía hacia un futuro duro e incierto. ( En otro momento ya leeré más)

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    1. Muchas gracias por tu comentario y te agradezco mucho tu aportación. Estoy completamente de acuerdo con todo lo que escribes. Efectivamente, pienso que mientras exista el recuerdo estos pueblos siguen vivos. La esperanza nunca se puede perder. Muy cerca de este se encuentra Valdelavilla, que será la próxima entrada. En el mismo proyecto inicial fueron, pero solo uno fructificó. Un saludo.

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